Categoría:Colonia Barrio Santa Catarina

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Colonia Barrio Santa Catarina

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La Colonia Barrio Santa Catarina está ubicada al norponiente de la Alcaldía Coyoacán. Se localiza en un antiguo asentamiento prehispánico llamado «Omac», que significa «entre dos aguas», "aunque en antiguos documentos aparece como «Omaque», en cuyas inmediaciones se encontraba un páramo de roca volcánica, ocasionado por la erupción del volcán Xitle, que paulatinamente se convirtió en fértil terreno debido a las filtraciones de agua provenientes del Ajusco."[1] El barrio debe su nombre a la capilla dedicada a Santa Catarina de Siena, que se encuentra al centro de la plaza homónima. Antes llamada calle Real, la actual vía Francisco Sosa cruza por el barrio de Santa Catarina y el centro de Coyoacán hasta desembocar en el jardín Centenario. Sobre ella se erigen recintos históricos como la Casa Alvarado, donde residiera el escritor Octavio Paz y que hoy es la Fonoteca Nacional, o la casa de Diego de Ordaz, capitán español que acompañó a Hernán Cortés. De los rieles del tranvía que cruzaba por ahí no queda mayor rastro.[2]

Historia

Altar Santa Catarina

Prehispánica

En la época prehispánica, el Barrio de Santa Catarina era antiguo asentamiento llamado «Omac», que significa «entre dos aguas». En antiguos documentos aparece como «Omaque», en cuyas inmediaciones se encontraba un páramo de roca volcánica, ocasionado por la erupción del volcán Xitle, que paulatinamente se convirtió en fértil terreno debido a las filtraciones de agua provenientes del Ajusco.[1]

La primera mención del pueblo prehispánico de Coyohuacan como ya existente en la fecha en que México Tenochtitlan acababa apenas de fundarse (1325) la encontramos en Chimalpahin. Nos cuenta que en el año Pedernal 1332, el brujo Tezcatlipoca, que residía en Chalco, indujo al brujo sacerdote Quetzalcanauhtli (precioso pato) a abandonar Chalco y marcharse a Coyohuacan. "Oh, Quetzalcanauhtli, hemos de marcharnos, dejemos la gente y el pueblo de Chalco, pues verdaderamente estoy a disgusto, así pues, marchémonos a Coyohuacan". [3]

En Coyohuacan residía la maga, la sabía, la hermana mayor Chalchiuhtlicue (falda preciosa), en la tierra caliente, en Coyohuacan. Ayunó con agua amarga, y así propició la llegada de los chalcas. El Quetzalcanauhtli, al llegar a Coyoacán, se sometió al resello local que le otorgaba la naturalización. "Fue agujerado ceremonialmente de la nariz allá en Coyohuacan". En aquel tiempo (año 1333) aún estaba entre los tulares y los carrizales los mexicas, pero ya comenzaba a cesar el uso de pescar con redes como único medio de subsistencia".[3]

Cinco años después los chalcas vinieron a Coyohuacan Yacapixtlan a implorar inútilmente al diablo Tezcatlipoca que volviera con ellos. Fue pues este diablo o dios Tezcatlipoca el primer extranjero que prefiriera permanecer y arraigar en Coyohuacan.[3]

Colonial

Capilla Santa Catarina

La caída de la ciudad de México-Tenochtitlan en manos de los conquistadores europeos en agosto de 1521 originó un problema que no se había considerado: ¿dónde debería establecerse la nueva ciudad española? Hernán Cortés consultó con sus capitanes y al fin decidió él solo: sobre las ruinas de la ciudad vencida, si bien ésta yacía semidestruida, con arquitectura ajena a las necesidades europeas, llena de cadáveres, falta de agua potable y con gran riesgo de epidemias. En consecuencia, era indispensable un sitio de asentamiento temporal. El poblado ribereño de Coyohuacan parecía el mejor y allá se encaminó con sus tropas propias y aliadas pocos días después del día de San Hipólito.[4]

Fray Martín de Valencia, comisario de la primera barcada de frailes menores o franciscanos, fue quien primero puso el pie en Coyoacán a finales de 1524 o principios de 1525, cuando Cortés iba rumbo a Las Hibueras. Llegó acompañado de un fraile que empezaba a conocer el náhuatl tras una visita breve a Xochimilco; este otro fraile pudo haber sido fray Luis de Fuensalida o fray Francisco Jiménez; luego visitaron seis pueblos ribereños más. Poco después los franciscanos instalaron una vicaría dependiente del convento grande de México en las cercanías del centro ceremonial coyoacanense.[4]

La plaza de Santa Catarina se remonta al siglo XVI, está dedicada a Santa Catarina de Siena. Originalmente fue capilla abierta con un marco sobre capiteles y basas, donde los naturales recibían servicios de evangelización por parte de la orden de frailes franciscanos. Hacia el siglo XVII se levantó la capilla de San Antonio, junto al Puente de Panzacola, con nave de cañón corrido que completó a la capilla abierta, y para 1650 fueron tapiados los huecos de su fachada, los vanos y el claro del coro, con lo que adquirió una apariencia estilo barroco. Al lado sur de este templo, se extendía la gran Hacienda de El Altillo, escenario de episodios narradios en la novela de Manuel Payno, Los bandidos de Río Frío, y la propiedad de la familia Piña y Aguayo. A la muerte de la última y centenaria descendiente de la familia Piña, los misioneros del Espíritu Santo recibieron en donación la parte de aquella hacienda en que alojaron su seminario.[3]

Casa de Alvarado

A los franciscanos siguieron los dominicos. Fundaron monasterios en Coyohuacan, Oaxtepec, Itzucan y Chimalhuacan. Uno de los primeros fue el que después de muchas reconstrucciones y remiendos ha sobrevivido, junto a la parroquia de San Juan Bautista de Coyohuacan. Quien visite Coyoacán y se dirija a la iglesia mayor desde el arranque de la avenidas Francisco Sosa, en los límites del Barrio Santa Catarina y Villa Coyoacán, recibirá el saludo secular de dos arcos de piedra rodeados por esbeltas columnas renacentistas, en medio de las cuales luce aún el escudo religioso de sus fundadores. Cruzarán luego un extenso jardín que interrumpe la calle de Carrillo Puerto y se continua ya más corto hasta el atrio abierto, la acera y las gradas que dan acceso al templo.[3] Toda esa extensión, desde los arcos: los dos jardines y la calle cerrada y frontera de la iglesia y el convento, fueron el enorme atrio de la primitiva iglesia, primera de su magnitud en la historia de la Nueva España. La actual avenida Francisco Sosa era "el Camino Real", que atraviesa todo el Barrio Santa Catarina, hacia el que miraba la iglesia desde la entrada al atrio por los arcos. Así de extensos eran necesarios y útiles para que catequizaran ellos, al mayoreo, a los indios que no cabían en las iglesias, o mientras éstas se acababan de construir.[3]

Esquina Salvador Novo Santa Catarina.JPG

En la actual calle de Francisco Sosa, la Casa de Diego Ordaz fue construida (y aún existe en la actualidad). Destaca por ser interesante construcción de una planta y fachada decorada al estilo mudéjar del siglo XVIII. Se trata de una de las casonas que la tradición popular ha rodeado de un halo de romanticismo y misterio, porque durante muchos años se creyó que había sido habitada por el conquistador español Diego de Ordaz; sin embargo, tiempo después y de acuerdo a un análisis detallado, se dedujo que el inmueble fue construido alrededor del siglo XVIII, mucho tiempo después de que el capitán murió en alta mar en 1532, cuando regresaba a España luego de haber fracasado en la búsqueda del famoso «El Dorado».[1]

Del siglo XVIII también es la hermosa casa llamada de Alvarado debido a una confusión y tergiversación anacrónica, puesto que el conquistador Alvarado había muerto dos siglo antes. de la construcción de la casa. No es de extrañar que las residencias importantes del Coyohuacan virreinal se hayan ido construyendo a lo largo de la Calle Real, que era llamada originalmente de Santa Catarina por la iglesia que bordea al Oriente la pequeña plaza de ese nombre. A partir por el Oriente de la llamada Casa de Ordaz, en ambas aceras de las que hoy lleva el nombre de Avenida Francisco Sosa, aún sobreviven algunas de aquellas residencias, aunque restauradas o transformadas, como la que ocupa la Embajada de Bélgica, (que fue de la familia Armida, antigua y acaudalada residente de Coyohuacan) y como la propia Casa de Ordaz o más al poniente, y casi frente a la Casa Alvarado, la que fue del Mariscal Bazaine por generoso donativo de Maximiliano (actualmente convento de monjas).

En 1780, en plena época Colonial, la casa del predio de Izatitlan pertenecía a don Juan de Luna Celis, quien tenía ahí una fábrica de papel. Posteriormente la casona fue adquirida por la familia Espinosa de los Monteros en el siglo XIX. Otro siglo después se mudó a ella don Francisco Armida, quien conservó el viejo casco original y la cruz atrial del siglo XVII.[5]

Siglo XIX

Por lo que corresponde a la Capilla de San Antonio Panzacola (Avenida Universidad y Calle Francisco Sosa), cuenta la leyenda que en acción de gracias y como cumplimiento a la promesa hecha por la madre de un grupo de contrabandistas, se mandó edificar esta peculiar iglesia. Se dice que hasta el siglo XIX fue paso obligado para trasladarse de Coyoacán y San Ángel a la Ciudad de México, y que existía una especie de punto estratégico —aduana—, donde las autoridades virreinales supervisaban los cargamentos que entraban y salía de estos lugares.[1]

Hasta mediados del siglo XIX Coyohuacan fue un pueblo famoso sobre todo por sus próbidas huertas y sus manantiales de aguas saludables. Así lo describe don Manuel Orozco y Berra en su Diccionario Universal de Historia y Geografía.[3]

Transcurridos los aciagos años en que Coyoacán prácticamente quedó en el abandono después de la lucha independentista y la invasión estadounidense, a finales del siglo XIX, durante el gobierno de Porfirio Díaz, comenzó a recuperar su tradicional esplendor. Coyoacán se distinguió del resto de poblaciones de la ciudad por la floreciente generación de actividades culturales que comenzó a ser desplegada por quienes ahí vivían, lo que propició que se volviera centro de reunión de escritores, artistas y científicos.[1]

Indudablemente que Francisco Sosa influyó mucho para que Coyoacán atrajera a la intelectualidad. El periodista, historiador y poeta nacido en Campeche cuando esta ciudad formaba parte de Yucatán, pero avecindado en el Barrio de Santa Catarina después de 1869, solía invitar a sus amigos, así como a sus compañeros del Partido Liberal, con quienes cuestionó la reelección de Sebastián Lerdo de Tejada y apoyó a José María Iglesias en su campaña por la Presidencia, para que visitaran tan paradisíaco lugar y motivaran su imaginación.[1]

Debido a la importancia de su ubicación geográfica, en el Barrio de Santa Catarina comenzaron a ser construidas espectaculares quintas veraniegas por parte de familias de alcurnia y raigambre, así como de personajes ligados a Porfirio Díaz.[1]

Manuel Rivera Cambas en su México Pintoresco de 1882 todavía encuentra que "las grandes dimensiones de los edificios que han quedado, prueban que Cortés dio a Coyoacán mucha importancia en los primeros años de la Conquista. En las calles del pueblo se deslizan arroyos de agua cristalina que fertilizan el terreno y que hacen que las huertas produzcan con abundancia frutos. Sin embargo de la fertilidad, tiene un sello de tristeza y melancolía que aleja a las familias de aquel sitio tan abundante en recursos y tan saludable. De Coyoacán a San Ángel hay una sola calle toda de casas más o menos buenas y las vías férreas los unen pasando por los pueblos de la Purísima, Santa Catarina y cerca del Barrio de Chimalistac".[3]

A finales del siglo XIX, cuando todavía corrían arroyos por las calles de Coyoacán para fertilizar las huertas y viveros que había establecido el ilustre coyoacanense Miguel Ángel de Quevedo en una zona que comprendía desde el Pedregal de Oxtopulco hasta más allá de la Calle Real, al oriente de ese espacio verde, el 18 de octubre de 1890 fue inaugurada la Colonia El Carmen, así llamada en honor de Carmelita Romero Rubio de Díaz, esposa del presidente, quienes acompañados por su comitiva viajaron en ferrocarril de la Ciudad de México a San Ángel y de ahí en tranvía a Coyoacán.[1]

El cronista Evereard detalla que entonces había sido tendido en su primer tramo entre la Ciudad de México y la Villa de San Ángel, por el ingeniero Miguel Ángel de Quevedo, el Ferrocarril de Circunvalación del Valle de México, el cual iba a ser inaugurado por Porfirio Díaz, quien realizaría el primer viaje redondo en el moderno tres de vapor, por lo que el presbítero Juan Violante «discurrió solicitar al Primer Magistrado que, entre la ida y la vuelta de su periplo intercalara una visita a Coyoacán tomando el ramal del tranvía de tracción animal ‘de mulitas’, que de la hacienda de Guadalupe (la actual Colonia Guadalupe Inn) enlazaba con la Calzada de Tlalpan en el pueblo de San Pablo Tepetlapa», para que el general Díaz hiciera la inauguración oficial del fraccionamiento al que se le impondría el nombre de pila de don Porfirio, Carmen.[1]

El presidente Díaz buscaba la modernización del país, por lo que en Coyoacán se dio inicio con la venta de lotes de lo que fue el primer fraccionamiento de ese arbolado lugar, la Colonia del Carmen.[1]

Siglo XX

Redacción de la constitución de 1917 Venustiano Carranza

Sin embargo, vino la Revolución y tras del movimiento armado de 1910 comenzó la especulación inmobiliaria y de uso de suelo, por lo que el Barrio de Santa Catarina no pudo escapar a la oleada de obras públicas, ampliaciones y apertura de nuevos caminos. En 1906 fueron empedradas por la Dirección General de Obras Públicas la Calzada de San Pedro y Calle Real, siendo también alumbradas con tres focos de luz incandescente, cuando apenas unos años antes habían dado inicio los trabajos para el tendido del cableado eléctrico.[1]

La imagen urbana del Barrio de Santa Catarina también se vio favorecida con la introducción del sistema de drenaje y agua potable, así como del tendido de vías para brindar el servicio de transporte a los coyoacanenses, a través de los tranvías que comunicaron a Coyoacán con San Ángel, Churubusco y el centro de la ciudad.[1]

En julio de 1985 el gobierno donó los terrenos y habitaciones de la antigua Fábrica de papel, ubicada frente a la plaza de Santa Catarina, para que funcionara como casa de cultura, y a partir de entonces ahí se imparten talleres de música, literatura, artes plásticas, teatro y danza; además de que se imparten conferencias, talleres y seminarios; conciertos y exposiciones temporales.[1]

Siglo XXI

Análisis Urbano Arquitectónico

Puente de Panzacola Santa Catarina

Contribuyen al plácido ambiente del Barrio de Santa Catarina la presencia de viejas residencias con altos muros, la mayoría de ellos cubiertos de enredaderas, las cuales han sobrevivido al paso del tiempo gracias a las restauraciones. Flanquean las estrechas calles donde parece que se detuvo el tiempo, por lo que quien las camine podrá experimentar la sensación de encontrarse en otra época, y fantasear con la posibilidad de ver circular carruajes del período Colonial, cuando la conseja popular dio origen a leyendas de aparecidos y espectros diabólicos.[1]

Esquina Santa Catarina.JPG

El Centro Histórico y los barrios originarios de Coyoacán poseen amplias diferencias entre sí tanto en el aspecto físico como socioeconómico. En primera instancia, resalta el fuerte carácter turístico del Centro Histórico, un espacio de relevancia inclusive nacional donde coexisten numerosos elementos de amplio valor cultural y arquitectónico; sobresale la multiplicidad de sitios de interés público, así como la calidad de sus espacios abiertos, mismos que han dotado de fama a dicho polígono, al cual, para fines del presente estudio, se le denominará como Polígono A (Colonia Del Carmen, Villa Coyoacán, Barrio de Santa Catarina y Barrio de la Concepción). Por otra parte, los barrios originarios de Coyoacán presentan un carácter más encasillado en una dinámica local, con servicios destinados a atender las necesidades familiares y comercios poco especializados enfocados en cubrir las demandas generales de los bienes de consumo cotidianos. Dentro de tales espacios, a los cuales se les aglomerará dentro del Polígono B, suele haber poco turismo, si no es que nulo, y el tránsito se restringe a los residentes y locatarios, a diferencia de la apabullante concurrencia presente prácticamente en cada calle del Centro Histórico.[6]

Cabe aclarar que, de acuerdo con la categorización espacial utilizada en el presente estudio, el Polígono A incluye dos barrios originarios, el Barrio de Santa Catarina y el Barrio de la Concepción, ya que de acuerdo con sus características urbanas y económicas pertenece al Centro Histórico de Coyoacán, más que al Polígono B a pesar de ser éste un aglomerado de los barrios originarios, dentro del cual todos sus elementos poseen características tipológicas similares. [6]

En materia de tipología urbanística, las divergencias más significativas se evidencian en la traza de sus calles, siendo el Centro Histórico un entorno predominantemente reticulado, mientras que la norma muestra que los barrios originarios responden más a una traza de tipo de plato roto, o tela de araña. Lo anterior resulta evidente a partir de un recuento histórico de origen de ambos entornos urbanos, siendo el Polígono A un sitio completamente planificado bajo estándares y medidas establecidas de antemano, basado en los preceptos del urbanismo europeo característicos del Imperio Español. Por la otra parte, el Polígono B se formula bajo una dinámica más espontánea, carente de una visión abarcadora a prospectiva donde los residentes originarios se establecieron paulatinamente, de acuerdo con una lógica basada en el comercio y en el tránsito local. Sin embargo, ambos espacios se caracterizan por establecerse en torno a una iglesia o centro ceremonial, y en su momento, cercanos a cuerpos de agua, aunque en la actualidad éstos se encuentren secos o cubiertos.[6]

Lugares Emblemáticos

Arquitectura

Bares, Centros Nocturnos, Cantinas y Pulquerías

Iglesias, Templos, Parroquias, Capillas, Conventos

Fuentes

Monumentos Históricos

Museos

Parques

Restaurantes, Cafeterías y Fondas

  • La ruta de la seda
  • Merendero Las Lupitas

Teatros

Familias Fundadoras

Familias de Varias Generaciones

Personajes Célebres

Personajes Inolvidables

Fiestas, Festivales y Ferias

Tradiciones y Costumbres

Desde el siglo XVIII, todos los 29 de abril se celebra a la patrona del barrio, la santa dominica Catalina de Siena. Los habitantes de la zona lo celebran con misas, banda musical, chinelos, juegos mecánicos, venta de antojitos mexicanos y fuegos artificiales.

Mitos, Leyendas y Relatos

Callejón del Aguacate

Leyendas del Callejón del Aguacate

Detrás de la Casa de la Cultura Reyes Heroles se encuentra el célebre Callejón del Aguacate. Es una calle muy peculiar de aproximadamente cuatro metros de anchura y con un sabor misterioso, que ha sido protagonista de varias leyendas e historias de terror. Por ejemplo, Edi Ríos da cuenta de las apariciones de «un monstruoso ser con forma de perro, de enormes y afiladas garras, que trata desesperadamente de arrancar de su nicho la imagen de la Virgen del Carmen, y en cuanto pone sus patas en ella se escucha el rasguño sobre la pared y sus infernales aullidos».[1]

De entre todos los mitos que hay acerca de este misterioso callejón, hay uno que se remonta a los años treinta del siglo XX, cuando llegó a vivir ahí un militar cuya cabeza estaba atrofiada debido a sus terribles experiencias bélicas que había vivido. Para aliviar sus ansiedades del pasado, todos los días este ex soldado salía con su uniforme a tomar el aire y le daba largas vueltas al barrio.[7]

Callejón del Aguacate

Según la leyenda, en estas largas caminatas se le aparecía un niño fascinado con las medallas que el soldado portaba en su camisa, y con mucha ingenuidad se le acercaba y le pedía que jugaran. Esta petición enervaba los ánimos del militar, tanto que un mal día decidió terminar violentamente con la vida del pequeño, dejando como testigos de esto a un frondoso árbol de aguacate que está en la mitad de la arteria y a un misterioso monje que, desde las ventanas de su claustro, vio la escena.[7]

Tras el incidente, el atormentado hombre se arrepintió de haber cometido su horrible asesinato, y con el objetivo de sanar sus demonios internos, mandó poner en la esquina del callejón el altar de una virgen, para que cada persona que pasara por ahí expiara sus pecados con un Padre Nuestro. Desde esa época hasta ahora, hay quienes aseguran que cuando uno se acerca al antiquísimo árbol de aguacate, que todavía yace en el centro del callejón, se pueden escuchar los gemidos del niño. Incluso hay personas que afirman haber sentido la presencia del infante y hasta han visto su rostro incrustado en la corteza del árbol.[7]

Academias

Auditorios

Barrios

Bibliotecas y Librerías

Calles

Centros Comerciales

Centros Culturales

Cines

Clubes Sociales y Deportivos

Embajadas y Consulados

Escuelas

Estaciones de Policía y Bomberos

Estaciones de Transporte: Metro y Autobuses

Fábricas

Galerías

Guarderías

Hospitales y Clínicas

Hoteles

Inmuebles Catalogados

Instalaciones Deportivas

Mercados y Tianguis

Murales

Oficinas de Correos

Oficinas Gubernamentales

Oficinas Privadas y Coorporativos

Otros Establecimientos

Panteones

Penitenciarías y Centros de Readaptación

Recorridos de Interés

Tiendas de Autoservicio

Tiendas, Farmacias y Misceláneas

Talleres

Unidades Habitacionales

Referencias

Bibliografía

  1. 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 1,10 1,11 1,12 1,13 1,14 Sergio Rojas, "El barrio de Santa Catarina, Coyoacán". En línea: https://cronicariodesergiorojas.blogspot.com/2014/01/el-barrio-de-santa-catarina-coyoacan.html.
  2. Tomado de: https://relatosehistorias.mx/nuestras-historias/el-viejo-barrio-de-coyoacan.
  3. 3,0 3,1 3,2 3,3 3,4 3,5 3,6 3,7 Salvador Novo, "Coyohuacan ayer y hoy", en Artes de México. No. 105, Ciudad de México- V Sus villas. Coyoacán y Churubusco (1968), pp. 7-38.
  4. 4,0 4,1 Tomado de: https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/la-evangelizacion-del-area-coyoacanense-en-el-siglo-xvi.
  5. Tomado de: http://barriosantacatarina.blogspot.com/.
  6. 6,0 6,1 6,2 Arturo Sánchez Navarro, El centro de Coyoacán y los barrios originarios. Los efectos del mercado inmobiliario y de las actividades económicas terciarias sobre la estructura urbana. Tesis para obtener el grado de Urbanista. Facultad de Arquitectura, UNAM, 2020.
  7. 7,0 7,1 7,2 Tomado de: http://cdmxtravel.com/es/lugares/el-callejon-del-aguacate-y-su-tenebrosa-historia.html.
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