Transformación de los basureros en el Conjunto Habitacional y Comercial en Santa Fe

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La Transformación de los basureros en el Conjunto Habitacional y Comercial en Santa Fe es uno de los 49 Acontecimientos Inolvidables en la Ciudad de México, debido al gran cambio económico y urbano que tuvo esta zona gracias al desarrollo inmobiliario. Este evento se ha ido conformando a lo largo de varios años.

Datos

Época

Desarrollo de Santa Fe

Desarrollo de Santa Fe



Historia[editar | editar código]

La historia moderna de Santa Fe coincide con el emplazamiento de minas de arena durante el siglo XX, antes de la década de los sesenta grandes socavones producidos por las minas fueron utilizados como tiraderos de basura a cielo abierto. A finales de los setenta el Departamento del Distrito Federal (DDF), comandado por Hank González, expropió 800 hectáreas a los supuestos propietarios de las minas, pero les otorgó el derecho de explotación hasta agotar la arena. Dentro del polígono expropiado se encontraban también los basureros. Años más tarde, en la época de Miguel de la Madrid, nuevas expropiaciones se realizaron en la zona y se sumaron a las originales.1 También en ese sexenio y debido a la contaminación ambiental, se tomaron 21 medidas ecológicas desde el gobierno federal sobre el territorio del DF, una de ellas era cerrar seis mil 500 tiraderos a cielo abierto, incluidos los de Santa Fe.

En marzo de 1979 un sismo sacudió a la ciudad de México, su principal consecuencia fue la caída de la Universidad Iberoamericana, localizada entonces en Churubusco. El gobierno federal anunció el otorgamiento de un nuevo terreno a la universidad; en 1982 le entregaron 20 hectáreas en las minas en Santa Fe. Además, durante el mismo sexenio se proyectó y construyó parcialmente la carretera La Venta-Paseo de la Reforma, que para 1988, año en que abrió la Ibero en Santa Fe, funcionaba como el estacionamiento para estudiantes y maestros. En ese momento la carretera llegaba hasta donde acaba la Ibero.

En septiembre de 1985 otro movimiento telúrico marco el rumbo de Santa Fe, los sismos lograron que el DDF cancelara todos los permisos de construcción y bajara la densidad en todas las colonias mediante el Plan de Desarrollo Urbano publicado en 1987. También, se produjo un fenómeno de migración en el que muchas familias abandonaron la zona central para buscar lugares “más seguros”. La idea de la periferia hacía sentido en la imaginación de muchos habitantes.

Como ya mencioné, a través de Santa Fe cruza la carretera La Venta-Paseo de la Reforma, la cual da continuidad a la avenida más importante simbólicamente de la ciudad y que justo antes de llegar a Santa Fe aloja a las colonias tradicionalmente ricas. De hecho, históricamente el poniente de esta urbe ha sido el lugar de crecimiento de los sectores más favorecidos.

El 19 de octubre de 1987 otro acontecimiento marcó el destino del megaproyecto, un crash financiero en la Bolsa Mexicana de Valores logró una inflación de 150% anual, mientras que la tasa de interés de los Cetes alcanzó un rendimiento promedio anual de 152%, nadie en su sano juicio haría un negocio con tan buenos rendimientos. Esta situación frenó prácticamente por completo al mercado inmobiliario. El 15 de diciembre del mismo año se establece una estrategia para mejorar la crisis financiera mediante el “Pacto de Solidaridad Económica”, la medida tardó algunos meses en dar resultados, pero para 1989 la tasa promedio anual se había reducido a 55.86%, mientras que para 1992 estaba debajo de 17%,4 el momento era propicio para la inversión y el mercado inmobiliario era una excelente opción.

Salinas toma la presidencia en 1988, nombra a Manuel Camacho como jefe del DDF, a su vez él nombra a Juan Enríquez en Servimet y a Jorge Gamboa de Buen en lo que hoy es Seduvi, ambos se encuentran con una demanda inmobiliaria que no había existido y que buscaba generar edificios para oficinas corporativas. Por otro lado, se topan con las condiciones descritas líneas arriba, que en resumen son: no hay permisos de construcción en todo el DF debido al programa de 1987 derivado de los sismos; los ciudadanos abandonan la zona central por la misma razón; el DDF tiene la posesión y propiedad de un terreno sin vecinos ni regulación de 800 hectáreas en una localización inmejorable: el poniente de la ciudad, junto a las Lomas de Chapultepec, colinda a un denso bosque, cerca de una zona industrial y del aeropuerto de Toluca, el más grande del país; también cuenta con una universidad privada en el centro del polígono; un basurero a cielo abierto en proceso de cierre y minas explotando los últimos vestigios de arena. Adicionalmente, el rendimiento en los Cetes se había reducido y los mercados estaban ávidos de oportunidades de inversión. También se encuentran en el sitio con una carretera federal en construcción y en parte terminada.

Ante las limitaciones normativas y de vecinos, y el hecho de tener la posesión y propiedad de un predio grande y bien localizado, con un incipiente boom inmobiliario, la decisión urbana que tomaron a finales de los años ochenta era la más lógica, así como la única oportunidad de transformar de manera contundente el territorio de la ciudad.

La Coordinación General de Reordenación Urbana y Vivienda del DDF, dirigida por Jorge Gamboa de Buen, estableció una Zona Especial de Desarrollo Controlado (ZEDEC), esta medida reguló los terrenos y consolidó las reglas del progreso urbano. Mientras tanto, Servimet impulsaba comercialmente a Santa Fe. La manera de instrumentar el desarrollo urbano fue por medio de sencillas reglas, más de sentido común que de estrategia colegiada; por ejemplo, no se podía vender un terreno más barato que el que se había vendido anteriormente, todos los ingresos por la venta de terrenos se debían de invertir ahí mismo en la construcción de infraestructura y equipamiento.

El gobierno de la ciudad a través de Servimet contrata a prestigiados arquitectos de la época: Ricardo Legorreta y Teodoro González de León5 para hacer plan maestro. Estos arquitectos, incuestionables en ese momento, hacen lo que conocemos. No habíamos tenido una historia reciente de grandes transformaciones del suelo urbano desde la estructura oficial,6 al menos desde los años sesenta y siempre orientados a obras monumentales del Estado-nación. Durante las décadas de los setenta y ochenta los urbanistas se dedicaron a planear fantasías, llenaron los archivos del gobierno con planos de colores que no cuadraban con la realidad y nunca lograron transformar la ciudad en forma significativa. Pero una operación urbana de la naturaleza de Santa Fe, planteada desde los ámbitos públicos y privados, era algo completamente inédito.

Legorreta y González de León proyectaron un entorno urbano que a muchos nos recuerda a Houston, en donde uno se mueve de un espacio privado a otro siempre dentro de un coche, el espacio público queda cancelado en la configuración física de la ciudad. Proyectaron una ciudad adecuada para el imaginario de muchos arquitectos a finales de los ochenta, pero que ha resultado tener muchas carencias. Aún así, los primeros edificios destinados a dar alojamiento a las dinámicas de la economía global empiezan a aparecer. El primero, después de la Ibero, es el de Bimbo en una zona denominada Peña Blanca entre la puerta Santa Fe y la Ibero, también ahí se construyeron edificios que hoy alojan a Banamex, Santander, IBM, etcétera. De manera simultánea a la primera etapa, los terrenos que se conocen como Centro de Ciudad se empiezan a desarrollar, Legorreta planteó crear un zona peatonal, con usos mixtos, parques, oficinas y viviendas. El primer edificio en esa zona, obra del mismo arquitecto, cuyo programa arquitectónico era comercio en planta baja y vivienda en la parte superior fue la punta de lanza. Esa zona es actualmente peatonal, el resto de Santa Fe se concibió para los coches.

Durante el sexenio salinista las dinámicas económicas respondían al entusiasmo y la confianza que se había construido a través de políticas neoliberales y la propaganda federal. Las tasas de interés y los rendimientos bajos incitaban al boom inmobiliario. Una nueva generación de desarrolladores se lanzaron a fabricar Santa Fe, en pocos años habían construido los edificios de Peña Blanca y muchos del Centro de Ciudad, con dimensiones insospechadas para ese momento, 40 mil metros cuadrados hoy no suenan tan impresionantes, pero en ese momento se trataba de los mayores edificios de oficinas privadas construidos en el país, y no se trataba de un inmueble, sino de muchos.

El éxito del megaproyecto durante la época de Salinas se vio reforzado cuando el empresario Fernando Senderos construye la primera etapa de Arcos Bosques, a cinco minutos de Santa Fe, además otros desarrolladores construyen tres torres fuera del polígono en la esquina de Constituyentes con Reforma. Algunos empresarios que no alcanzaban a jugar dentro del polígono original tomaron los terrenos que quedan del otro lado de la carretera e impulsaron su propia versión de Santa Fe. El centro comercial fue promovido por el gobierno de la ciudad, y fue el mismo Fernando Senderos quien lo desarrolló. El ritmo acelerado del crecimiento inmobiliario superó todas las expectativas del gobierno y puso en evidencia la gran demanda que existía.

Para 1992, en pleno sexenio de Salinas y en el momento álgido de la promoción de Santa Fe, los rendimientos habían bajado de 17%, hoy suena a una alta tasa de interés, pero entonces era precaria y el sector inmobiliario veía oportunidades de mejorar sus tasas de retorno. Además, existía la presión del capital internacional por alojarse en ciudades especializadas en servicios, o “ciudades globales”, la capital del país representaba un punto estratégico para recibir a los grandes corporativos.

Todo iba bien hasta 1994, entre zapatistas, magnicidios, elecciones y capitales golondrinos, la escena económica se derrumbó. Con el famoso error de diciembre Santa Fe detuvo su entusiasmo, muchos edificios se quedaron a la mitad de la obra, otros más recién terminados no encontraron arrendadores ni compradores. Muchos desarrolladores quebraron estrepitosamente.

No es hasta después de las primeras elecciones para jefe de gobierno del Distrito Federal, en 1997, que Santa Fe retoma su desarrollo urbano, poco a poco pero constantemente va consolidándose, a partir de entonces y hasta nuestros días, un impresionante apogeo inmobiliario define a Santa Fe. Actualmente cuenta con más de 900 hectáreas y 10 nuevas colonias, concentra decenas de edificios, aloja a corporativos de grandes empresas nacionales e internacionales,7 tiene una población flotante de más de 100 mil personas, viven más de 35 mil habitantes [1]

Referencias[editar | editar código]

  1. Esta información fue obtenida de la Revista Nexos en su artículo publicado el 1 de noviembre del 2014 por Arturo Ortiz Struck, consultada en: https://www.nexos.com.mx/?p=23099 Fecha de consulta 14/05/2020