Colonia Barrio La Fama

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La Colonia Barrio La Fama se encuentra al norte de la Alcaldía Tlalpan. El barrio, conocido durante la época colonial como La Santísima, tomó su nombre actual del lugar sobre el que ha girado la dinámica social a lo largo de los siglos: la Fábrica de Hilados y Tejidos La Fama Montañesa, construida en 1831. Esta fábrica es el elemento identitario por excelencia: es lo que da vida al barrio y lo que estructura a sus habitantes a pesar de sus transformaciones y su fin como espacio laboral.[1]

Historia[editar | editar código]

Siglo XIX[editar | editar código]

Este pequeño barrio era originalmente un barrio obrero que contaba con un territorio propio, claramente delimitado y cuyos integrantes tenían una identificación fundamental que los definía como grupo: la de ser obreros textiles de la fábrica de hilados y tejidos La Fama Montañesa, fundada dentro de los límites del rancho El Arenal, en 1831, mucho antes de que Tlalpan formara parte del Distrito Federal y se constituyera en una de sus delegaciones más grandes y complejas.[1]

En 1831, fue fundada la Fábrica de Hilados y Tejidos La Fama Montañesa. En la época de la revolución mexicana era la empresa textil más antigua de la ciudad. El surgimiento de la fábrica sobrevino gracias a circunstancias políticas que favorecieron la industrialización del país entre los años 1830 y 1838. Una de éstas fue el apoyo gubernamental al ramo textil. "En su inicio, los telares eran movidos por una enorme rueda hidráulica que pertenecía a un antiguo molino de trigo de la hacienda El Arenal", en la cual se asentó la fábrica; funcionaba con la ayuda de una máquina de vapor dinamizada por el líquido de la barranca del Tochihuitl.[2]

Al estar cerca de una fuente de recursos naturales estás fabricas aprovecharon estas condiciones para sus labores. En el caso de la fábrica de hilados y tejidos La Fama Montañesa, fue la primera en instalarse en el Valle de México, desde su fundación se convirtió en una de las principales fábricas textiles a nivel nacional debido a la calidad de su producción. La fábrica, decretada monumento histórico por el INAH, se estableció en este lugar por la oportunidad que representaba la abundancia de agua del manantial del Parque Nacional Fuentes Brotantes, fuente primordial de abastecimiento de agua para Tlalpan, tal decreto contempla un perímetro que incluye al barrio de La Fama como zona de valor patrimonial.[3]

Desde el siglo XIX tuvo mucha importancia la cercanía del pueblo de Tlalpan con Fuentes Brotantes, ya que al ver la disposición de recursos naturales se crearon las fábricas de Peña Pobre y la Fama Montañesa que, por una parte tenían el recurso maderable y de agua y por otra parte estaban cerca del poblado de Tlalpan y de ahí el camino que llegaba a la Ciudad de México. En aquel entonces Fuentes Brotantes era zona totalmente verde, no había construcciones más que la misma fábrica de la Fama Montañesa. Fue un lugar propicio para explotarlo pero no se procuró su cuidado, mantenimiento o su importancia para su protección hasta el siglo XX.[4]

Siglo XX[editar | editar código]

1930

El espacio mismo de la fábrica sufrió transformaciones muy importantes. Como se comentó anteriormente, ésta formaba parte del amplísimo territorio del rancho El Arenal, que abarcaba más de 5 mil hectáreas. Dentro de él la fábrica se instaló a un lado del manantial de las Fuentes Brotantes. En ellas, como su nombre lo indica, había caudales que alimentaban las turbinas de las máquinas y constituían la fuerza motriz que impulsaba las grandes máquinas textiles. Sus bosques y manantiales servían como espacios de recreación para los trabajadores y habitantes, donde la gente se bañaba, acarreaba agua para uso doméstico y lavaba ropa. En 1936, 122 hectáreas de Fuentes Brotantes fueron expropiadas para constituir el parque nacional del mismo nombre.[1]

1940

Particularmente resulta interesante el caso de las mujeres trabajadoras. A finales de los años cuarenta, 50% de los trabajadores eran mujeres. En 1963 sale la última trabajadora de la fábrica y, a partir de ese momento hasta el cierre, no se vuelve a contratar a ninguna mujer como obrera. Este proceso nuevamente se relaciona con las condiciones de la industria, pero sobre todo con la percepción de los habitantes del barrio, ya que no querían a sus mujeres en ese ámbito laboral, porque lo consideraban peligroso e inapropiado.[1]

El paso de la urbanización, que tardíamente se inicia en el sur de la ciudad —hacia la década de los cuarenta—, trajo modificaciones importantes en el paisaje urbano barrial, incorporándolo a la dinámica de la ciudad de manera intensa, pero provocando el desdibujamiento de sus fronteras originales.[5]

1950

Un espacio de comercio y socialización nodal lo representaba la esquina del Callejón del Perro y la Calle del Trabajo —a una cuadra de La Plazuela—, donde, en los años cincuenta, se asentaba la pulquería "Me siento Firpo", atendida por el señor Prisciliano, don Peche. Afuera de la pulquería, la abuelita de Alejandra Rosas vendía elotes; doña Cholita preparaba, en su anafre caliente, tripas, caldito de pollo, salsas, frijoles, etcétera. Este espacio de socialización no era sólo para los hombres del barrio ya que contaba con un apartado para las mujeres, donde se reunían doña Chucha, Cholita, Rosa y Martha, entre otras. Llama la atención que en esos años la fábrica contara con aproximadamente 50% de mujeres obreras, quienes quizá hacían uso de los espacios "públicos" de manera similar a los hombres.[5]

1960-1990

Este espacio barrial se ha visto sometido a dos transformaciones básicas que amenazan con desintegrarlo y que han determinado sus formas de vida y sus referentes identitarios previos: el cierre definitivo de la fábrica en 1998, y la pérdida paulatina de territorio como efecto del vertiginoso proceso de crecimiento urbano que se desborda a partir de la década de los setenta.[1]

Muchos obreros fueron campesinos y conservaban tierras de cultivo en las zonas aledañas, particularmente en los pueblos de Tlalpan. Otros fueron ejidatarios de los llamados Ejidos de Tlalpan, que posteriormente fueron expropiados y redistribuidos para construir la actual colonia Hidalgo. La transformación de campesino a obrero tardó varias décadas y es hasta la segunda generación de trabajadores cuando esta modificación es patente: algunos dejan definitivamente las tierras de cultivo y, como vimos, los cambios significativos en la vestimenta estuvieron acompañados de cambios en la concepción de lo que era ser obrero, de sus derechos y de sus formas de vida.[1]

Un ex obrero narró cómo, en la segunda mitad del siglo XX, por poco linchan a un administrador de la fábrica cuando golpeó a un trabajador:[1]

…el señor éste era un español y le pegó a un trabajador. Estábamos inconformes. Allí mismo en la plazuela ya habíamos hablado de las reglas para los trabajadores, pero ese señor era un señor grande. Ya estábamos listos para entrar; la plazuela estaba así llena de obreros. Éramos 500 trabajadores en la mañana. Silbaba la fábrica para entrar pero no entramos, rápido se corrió la voz de que no íbamos a entrar porque íbamos a defender al compañero. Le decían de apodo “chivero” al administrador. Y efectivamente silbó la fábrica y nadie entró. Entonces vienen los delegados. El que salió a la puerta no sabía hablar (…) había uno en cada departamento. Salió a la puerta y preguntó “¿por qué no quieren trabajar? ¿qué pasó?” “Pues no entramos sencillamente porque el señor se tomó el atrevimiento de pegarle a un trabajador y usted lo sabe perfectamente mejor que nosotros que antes sí, nos trataban mal, pero ya no, en estos tiempos ya no. Pero le vamos a decir que si este señor sigue de administrador, nosotros nos vamos a encargar de sacarlo. Que venga el Secretario General –que era Dionisio Sánchez que nada más le decíamos el General– para que él ponga el remedio”. Cuando él llegó le repetimos la acción por la que estábamos inconformes. El señor Sánchez dijo que iba a hablar con el señor Miracle para que nos diera solución (…) le dieron 24 horas para que se fuera y sí, se fue.[1]

La fábrica, entre cambios y conflictos, sobrevivió más de un siglo. Sin embargo, al llegar a la década de los años sesenta, La Fama –al igual que la industria textil en su conjunto– inició un declive continuo relacionado por lo menos con cuatro factores: el atraso tecnológico del ramo, la escasez de algodón, la competencia con las fibras sintéticas y la apertura, ya en los noventa, al mercado mundial. Este proceso desembocó, como ya se dijo, en el cierre definitivo de La Fama Montañesa en 1998.[1] El declive laboral es paralelo a la paulatina transformación profesional de los habitantes del barrio. Así mientras que para los primeros trabajadores el ser obrero representaba un ascenso social y buscaban que sus hijos heredaran el oficio y el puesto dentro de la fábrica, para los obreros de mediados del siglo XX, esta actividad ya no era redituable ni sinónimo de bienestar, por lo que buscaron que sus hijos fueran profesionistas universitarios o que se dedicaran a otros oficios como el de choferes, herreros, mecánicos, transportistas o comerciantes. De tal suerte que mucho antes de que la fábrica cerrara, ya el “ser obrero” comenzaba a cuestionarse como forma de vida, y el eje laboral a redefinirse y a ampliarse, aunque el referente físico y social de la fábrica permanecía vigente.[1]

…tuve nueve hijos. Dos fueron obreros, pero estudiaron contaduría privada. Uno de ellos entró a trabajar a un banco. El penúltimo está en Los Ángeles y le va muy bien (…) No era muy bueno que trabajaran en la fábrica porque se ganaba poco en comparación con lo que se ganaba en otros lugares. Al entrar a la fábrica, se estancaban.[1]


Siglo XXI[editar | editar código]

Ante todos estos embates que ha sufrido el barrio de La Fama, podría cuestionarse la noción misma de una identidad barrial urbana. Sin embargo, no se puede desechar fácilmente la noción, porque a pesar de todo, hay elementos que permiten suponer que en los últimos años se han estado gestando prácticas concretas que tienden a reforzar algunos aspectos de la identidad grupal. En agosto de 2002, después de cuando menos diez meses de trabajo por parte de un grupo de vecinos del barrio de La Fama, organizados en el llamado Colectivo Cultural Fuentes Brotantes, se realizó una exposición sobre el barrio en la Dirección de Investigaciones Históricas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ubicada en la calle de Moneda, en el centro de Tlalpan. En este proyecto, participamos el doctor Mario Camarena, investigador del INAH y yo, por petición del colectivo, como asesores externos.[1]

Cabe aclarar que quienes forman el colectivo constituyen un grupo muy disímbolo de habitantes del barrio de La Fama, de edades y perfiles laborales muy variados, pero cuya característica común es que no son obreros, aunque en su mayoría son hijos o nietos de los antiguos obreros de la fábrica.3 Entre ellos, hay el interés explícito de reconstituir la historia local como mecanismo para conocerse, comprender quiénes son y difundirlo.[1]

El proceso de autoinvestigación fue sumamente rico, ya que convocaron a algunos de los viejos obreros y a sus familias, y organizaron, a lo largo de varios meses, una suerte de tertulias, los domingos por la tarde, en las que se narraban las experiencias en la fábrica y las formas de vida que ellas provocaban en la cotidianidad de sus habitantes. Los temas que emergieron de estas reuniones fueron diversos: la vida cotidiana en el barrio, los procesos laborales, el sindicalismo y sus líderes, la vida amorosa, la moral, las relaciones entre géneros, el cortejo, el problema de la vivienda y el agua, los deportes, los músicos y las fiestas, y la relación con otros barrios, etcétera.[1]

Al mismo tiempo que rescataban sus recuerdos a través del relato, los involucrados lograron recopilar más de 300 fotografías propiedad de las familias del barrio, y algunos objetos (certificados, credenciales de los trabajadores, pedazos de telares, conos, hilos de antaño, vestimentas, y hasta un telar completo). Sin embargo, el propio proceso de “exponerse” en un espacio y en un tiempo limitados, los obligó a buscar lo que ellos consideran fundamental para responder la pregunta de “¿quiénes somos los habitantes de La Fama?”[1]

Análisis Urbano Arquitectónico[editar | editar código]

Delimitación

Atravesado por grandes avenidas como Insurgentes y Ayuntamiento, densamente poblado, con un tráfico intenso y la aparición continua de nuevas ofertas comerciales, habitacionales y de servicios, sus habitantes parecen ser lo únicos e ubicar sus fronteras. Y hasta en eso encontramos discrepancias: mientras que para los habitantes el barrio llega “hasta donde llegaban las casas de los trabajadores” —lo cual implica que incluye el espacio conocido como las Camisetas—, para la Delegación es el pequeño espacio, casi triangular, comprendido entre la avenida Ayuntamiento, Insurgentes y la colindancia con la barranca que limita el Parque Nacional de Fuentes Brotantes. Las Camisetas se reconoce, en este esquema, como un barrio diferente.[6]

La fábrica y su plazuela continúan siendo el centro del la vida barrial. La plazuela, ubicada al frente de lo que era la fábrica de hilados y tejidos La Fama Montañesa, hoy ya no tiene prácticamente ningún marcaje que así lo indique: es una calle pavimentada, llamada la Fama, que perpendicular al Ayuntamiento se ensancha al pasar al frente del casco de la fábrica y a la nueva iglesia barrial, construida en los años sesentas, que conmemora a la Virgen de la Concepción, patrona del barrio y de la fábrica.[6]

Sin un quiosco —pues el que antes existía es ahora una cocina económica— ni una fuente, ni árboles o mojoneras que denoten su importancia, la plazuela es centro sólo para los que la conocieron antaño, pues el paso continuo de automóviles y camiones la hace un lugar poco atractivo para ser usado como se utilizaban este tipo de plazas: para conversar, jugar, bailar, encontrarse, escuchar música, etcétera. Sin embargo, la carencia de señalamientos no le impiden continuar siendo un referente fundamental para sus habitantes, ya que todos sus recuerdos —personales y colectivos— se entrelazan desde allí: las bodas y bautizos, los bailes y el basquetbol, la música y la infancia, las huelgas y los conflictos, todo transcurre en ese lugar, y junto con el Parque Fuentes Brotantes se constituyen en ejes fundamentales de la vida cotidiana.[6]

Lugares Emblemáticos[editar | editar código]

Arquitectura[editar | editar código]

Bares, Centros Nocturnos, Cantinas y Pulquerías[editar | editar código]

Iglesias, Templos, Parroquias, Capillas, Conventos[editar | editar código]

Fuentes[editar | editar código]

Monumentos Históricos[editar | editar código]

Museos[editar | editar código]

Parques[editar | editar código]

Restaurantes, Cafeterías y Fondas[editar | editar código]

Teatros[editar | editar código]

Familias Fundadoras[editar | editar código]

Familias de Varias Generaciones[editar | editar código]

Personajes Célebres[editar | editar código]

Personajes Inolvidables[editar | editar código]

Fiestas, Festivales y Ferias[editar | editar código]

Tradiciones y Costumbres[editar | editar código]

Mitos, Leyendas y Relatos[editar | editar código]

Academias[editar | editar código]

Auditorios[editar | editar código]

Barrios[editar | editar código]

Bibliotecas y Librerías[editar | editar código]

Calles[editar | editar código]

Centros Comerciales[editar | editar código]

Centros Culturales[editar | editar código]

Cines[editar | editar código]

Clubes Sociales y Deportivos[editar | editar código]

Embajadas y Consulados[editar | editar código]

Escuelas[editar | editar código]

Estaciones de Policía y Bomberos[editar | editar código]

Estaciones de Transporte: Metro y Autobuses[editar | editar código]

Fábricas[editar | editar código]

Galerías[editar | editar código]

Guarderías[editar | editar código]

Hospitales y Clínicas[editar | editar código]

Hoteles[editar | editar código]

Inmuebles Catalogados[editar | editar código]

Instalaciones Deportivas[editar | editar código]

Mercados y Tianguis[editar | editar código]

Murales[editar | editar código]

Oficinas de Correos[editar | editar código]

Oficinas Gubernamentales[editar | editar código]

Oficinas Privadas y Coorporativos[editar | editar código]

Otros Establecimientos[editar | editar código]

Panteones[editar | editar código]

Penitenciarías y Centros de Readaptación[editar | editar código]

Recorridos de Interés[editar | editar código]

Tiendas de Autoservicio[editar | editar código]

Tiendas, Farmacias y Misceláneas[editar | editar código]

Talleres[editar | editar código]

Unidades Habitacionales[editar | editar código]

Referencias[editar | editar código]

Bibliografía[editar | editar código]

  1. 1,00 1,01 1,02 1,03 1,04 1,05 1,06 1,07 1,08 1,09 1,10 1,11 1,12 1,13 1,14 Ana María Portal, "La construcción de la identidad urbana: la experiencia de la pérdida como evidencia social" en Alteridades, Vol. 13, Núm. 26, julio-diciembre, 2003, pp. 45-55.
  2. Jesús Mendoza Mejía, "Donde emana el agua y la memoria: las Fuentes Brotantes", en Tlalpan, crónica y patrimonio, México: Delegación Tlalpan, pp. 141-150.
  3. Fernando Manuel Camacho Cervantes, La urbanización y ocupación del suelo de conservación del Parque Ecológico Urbano de Las Fuentes Brotantes en la Delegación Tlalpan, México D.F. de 1980 al 2010. Tesis para obtener el grado de Maestría en Urbanismo. México: UNAM, 2013.
  4. Fernando Manuel Camacho Cervantes, La urbanización y ocupación del suelo de conservación del Parque Ecológico Urbano de Las Fuentes Brotantes en la Delegación Tlalpan, México D.F. de 1980 al 2010. Tesis para obtener el grado de Maestría en Urbanismo. México: UNAM, 2013.
  5. 5,0 5,1 Mario Camarena y María Ana Portal, "De obrero a comerciante: transformaciones barriales en la Ciudad de México" en Alteridades, vol.17 no.33 México ene-jun, 2007. Disponible en linea: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-70172007000100004.
  6. 6,0 6,1 6,2 María Ana Portal, "Etnografía de un barrio obrero: la Fama, Tlalpan" en Antropología. Revista Interdisciplinaria Del INAH, Núm. 75-76, 2004, pp. 18-25.