Estadio Nacional de México (1924-1949)

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Datos

Época
Siglo XX / 1924-1949

Estadio Nacional 2.jpg

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Coordenadas
19° 24' 35.10" N, 99° 9' 21.31" W

El Estadio Nacional de México es uno de los 49 Inmuebles demolidos más recordados de la Ciudad de México. Se encontraba en la Colonia Roma Norte, en donde luego se construyeron el Centro Urbano Presidente Juárez, derrumbado en 1985, y posteriormente el Jardín Ramón López Velarde, así como el Centro Comercial Pabellón Cuauhtémoc. Fue un estadio deportivo edificado en el periodo presidencial de Álvaro Obregón, a cargo de José Vasconcelos, quien comisionó al joven arquitecto José Villagrán García para su construcción, con la intención de ser el gran logro en la rama de las Bellas Artes del entonces ministro de educación, Vasconcelos. Tenía una capacidad para 60 000 personas y se diseñó con requerimientos de acústica para llevar a cabo asambleas públicas, además de eventos deportivos.[1]

Historia[editar | editar código]

Estadio Nacional

Siglo XX[2][editar | editar código]

La historia del Estadio Nacional de México comienza en la tercera década del siglo XX. Tanto Vasconcelos como Álvaro Obregón, presidente de México, y principal impulsor de la campaña de alfabetización y construcción de escuelas, sabían que el dominio de las masas era indispensable para sustentar sus proyectos nacionales que casi siempre se confundían con sus intereses personales. No le costó mucho a Vasconcelos convencer a Obregón de que expropiara el terreno donde había estado el panteón de La Piedad. Después, y siempre bajo su mando, explicó a los arquitectos del Departamento de Proyectos de la SEP qué era lo que necesitaba. Admirador de civilizaciones como la griega y la romana, el secretario decidió que el estadio debía de estar inspirado en el Panathinaikó, estadio donde se efectuó la primera olimpiada moderna.

Por fin, el 5 de mayo de 1924 fue inaugurado el Estadio Nacional por Álvaro Obregón. Además de las canciones interpretadas por el coro, se llevaron a cabo tablas gimnásticas, ejercicios de primeros auxilios, carrera de relevos, juegos con un balón gigante de dos metros de diámetro y “el Jarabe Nacional”, bailado por quinientas parejas.

El Estadio Nacional nunca fue terminado. Se dice que el propio Vasconcelos, el día de la inauguración, al ver una escalera inconclusa, le dijo a Obregón que estaba seguro que quienes venían detrás de ellos —Plutarco Elías Calles y los suyos—, serían incapaces de terminar esos escalones. Voz de profeta: la que sería su obra más grandiosa duró apenas veinticinco años. Fue derrumbada en 1949 por la picota modernizadora de Miguel Alemán.

Arquitectura[editar | editar código]

Estadio Nacional.jpg

Descripción del proyecto[2][editar | editar código]

A grandes rasgos, se trata de un estadio en forma de herradura, con una cabecera principal semicircular y que, a diferencia de los estadios modernos, no está delimitado, dando la apariencia de que puede extenderse infinitamente. El Estadio Nacional medía, a “nivel cancha”, 172 metros de largo por sesenta de ancho, sin contar las veintiocho gradas, que le daban otros 30.50 metros más de ancho. Fue, según Rubén Gallo, la obra más costosa de las emprendidas por Vasconcelos: costó un millón de pesos.

El primer dibujo que se dio a conocer llevaba la firma de un joven de veintidós años llamado José Villagrán García, posteriormente uno de los arquitectos más importantes y reconocidos en el medio nacional, quien diseñó hospitales y escuelas, sin embargo, no se le dio el crédito correspondiente sino muchos años después debido a que era pasante. Por si fuera poco, una serie de problemas técnicos pondrían a Vasconcelos en el ojo del huracán: para empezar, él deseaba que el estadio se construyera de piedra, el material de lo eterno, como hacían los griegos. Debido al costo, las opciones más viables eran dos materiales modernos: cemento y acero. Aunque no estuvo de acuerdo, no le quedó más remedio que aceptar sobre todo porque la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey le vendería el material a precios módicos. Después, a la hora de comenzar la obra, muy pronto se dieron cuenta que algo andaba mal: en el exterior del estadio, la escalera principal que rodeaba la cabecera principal estaba mal resuelta, de tal modo que los peraltes de los escalones no alcanzaban a cubrir la altura necesaria.

Como nadie quería cargar con la culpa, se señaló tanto al joven Villagrán como a su jefe, el ingeniero Federico Méndez Rivas. En medio de la disputa y la necesidad de resolver el error, Vasconcelos llamó a quien, según su parecer, sabía más de estética y arte que los arquitectos: Diego Rivera, quien había ganado el concurso para realizar la decoración exterior del estadio, representando “dos cualidades fundamentales de la naturaleza humana: la Voluntad y la Videncia”. El estadio, al final, resultó una mezcla de estilos neocolonial, griego y romano. Incluso su función tampoco era muy clara: para José Vasconcelos era el último peldaño para crear hombres y mujeres que buscaran, en todo momento, “ideales estéticos”.

Eventos Memorables[editar | editar código]

  • Juegos Deportivos Centroamericanos, celebrados en 1926.

Referencias[editar | editar código]

  1. Edward R. Burian, Modernity and the Architecture of Mexico. Texas: University of Texas Press, 1997, p. 67.
  2. 2,0 2,1 Jorge Vázquez Ángeles, "Un sitio con vocación: el Estadio Nacional de México, 1924-1949" en Revista Casa del Tiempo, No. 23-24, diciembre 2015 - enero 2016, pp. 31-34.