Categoría:Colonia Roma Norte

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La Colonia Roma Norte está ubicada en la Alcaldía Cuauhtémoc. Es una de las colonias más emblemáticas de la Ciudad de México ubicada cerca del Centro Histórico de la ciudad. La Colonia Roma Norte es una de las zonas de la Ciudad de México con mayor número de edificaciones patrimoniales, con más de 1,500 inmuebles relevantes. El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) ha realizado un catálogo notable que describe brevemente su relevancia y menciona a algunos de los autores de esas obras.[1]

La Colonia Roma colinda con las siguientes colonias: Colonia Condesa, Colonia Hipódromo, Colonia Doctores, Colonia Juárez - Zona Centro, Colonia Juárez - Zona Rosa y con la Colonia Juárez - Zona Poniente.

Historia

Siglo XX

La creación de la Colonia Roma se remonta a principios del siglo XX y que antes de ser parte de la ciudad, esta zona se llamaba Romita. De acuerdo a algunos relatos de 1900 era un sitio alejado de la civilización que estaba lleno de potreros y casuchas habitadas principalmente por obreros, no obstante, su diseño actual empezó a planearse en 1903 cuando el político Pedro Lascuráin, adquirió una serie de terrenos y mandó a construir un fraccionamiento lejos del hacinamiento del Centro Histórico, para que la clase alta pudiera vivir lejos de la pobreza que había en colonias aledañas al Zócalo.

La historia de esta Colonia, como de la Colonia Condesa, significó un paso importante para la administración de Porfirio Díaz. Estas nuevas colonias prometían alumbrado eléctrico, saneamiento, agua y la mejor pavimentación. El 30 de mayo de 1905 Víctor M. Garcés (por la Colonia Condesa, S.A.) y Edward Walter Orrin (por la Compañía Terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A.) solicitaron al ayuntamiento el estudio y resolución de un proyecto común para dar nombre a las calles y avenidas de sus respectivas colonias. Dichas calles llevarían los nombres de estados y territorios de la República Mexicana. El ayuntamiento dictaminó en 1904 que el único sistema conveniente para nombrar las calles de la Ciudad de México era el nominal, es decir, utilizando nombres propios, de poblaciones, acontecimientos y personajes notables. El Estadio Nacional estaba ubicado en el cruce de Orizaba y Antonio M. Anza. Fue construido en 1924 y a finales de los cuarenta se demolió para levantar el Multifamiliar Juárez. El interior del Edificio Balmori, fue construido en 1922 por Ignacio Capetillo y Servín, y es uno de los edificios más representativos de la Colonia Roma Norte. La Avenida Álvaro Obregón, que anteriormente se llamaba Jalisco, fue la primera en toda la Ciudad de México en tener un camellón al centro y los vecinos más viejos del lugar refieren que en el pasado, las casas de esta calle tenían caballerizas.[1]

Para la construcción se usaron los principios arquitectónicos más impresionantes de la época. Se puso pavimento en las calles, se hicieron avenidas de doble carril, las arterias contaban con alumbrado público y hasta se llamó a la Casa Gabelich México para que le pusiera una herradura especial a todos los inmuebles.

Esta compañía especializada en herrería, estaba ubicada en la Colonia Doctores, y era tan elegante que incluso fue la responsable de diseñar las monumentales rejas de la Sagrada Familia, un templo neogótico edificado en 1906 que fue la primera gran atracción de la Colonia Roma, porque durante su construcción no se escatimaron gastos, y hasta se mandaron traer los vitrales de Italia.[2]

Desde sus inicios, la Colonia Roma albergó a una población más heterogénea que sus vecinas. A poco de inaugurada, comenzó a poblarse rápidamente. La sección norte fue la primera en urbanizarse. Regias mansiones se multiplicaron a lo largo de la Avenida Chapultepec, el Jardín Orizaba (rebautizado en los años veinte como la Plaza Río de Janeiro) y de las calles de Tonalá, Mérida y Medellín. Más allá de lo que hoy conocemos como Avenida Álvaro Obregón (entonces Avenida Jalisco) no había más que baldíos. Algunas de sus construcciones monumentales datan también de esta época. Destacan el célebre "Coso de la Condesa" (ubicado donde hoy se encuentra el Palacio de Hierro - Durango), sede también de espectáculos artísticos (ahí se habrían de presentar Enrico Caruso y la Pavlova) y la Iglesia de la Sagrada Familia, situada en las calles de Orizaba y Puebla, cuya construcción se inició en 1910. Es indudable que la Roma nace y alcanza su primera infancia en el Porfiriato. No faltó mucho para que, incluso llevara el nombre del propio Díaz. Sin embargo, su juventud y consolidación tendrán lugar después de la Revolución. Por ello, más que producto neto del Porfiriato, como mucha gente la concibe, representa la fusión, el puente entre dos épocas históricas marcadas por la ruptura. De alguna manera puede decirse que la Roma fue la pequeña huérfana del Porfiriato que la Revolución adoptó como hija propia. Cuando la Revolución se bajó del caballo en la Roma se ha dicho que durante la primera década de la Revolución, el crecimiento de la ciudad de Héxico se paralizó.

En la siguiente década, se fueron ocupando los últimos lotes baldíos y espacios vacantes de la Colonia, hasta alcanzar sus límites actuales. La sección sur, que comprende la Avenida Baja California hasta el río de la Piedad (hoy entubado y convertido en el viaducto Miguel Alemán) fue la última en poblarse y lo hizo siguiendo un patrón bien distinto al que había seguido la sección norte. A partir de la avenida Yucatán, desaparecen por completo las avenidas arboladas, las calles amplias, las plazas y los jardines. Cruzar la calle de Campeche hacia el sur, era como trasponer una frontera, un límite entre dos Romas distintas. También se han esfumado los últimos rastros de la arquitectura que imperó en la Colonia durante más de 20 años. Ya no hay mucho que recuerde al Porfiriato. La nomenclatura de sus calles también se hace más modesta: de los estados y sus capitales se pasa a pequeñas ciudades (Teocelo, Ixtlán, Misantla). Los sectores sociales que habitan la parte sur son, en su mayoría, profesionales, comerciantes y funcionarios del gobierno. El sur será una zona mucho más homogénea que el norte (siempre dinámico y lleno de contrastes), marcado por un perfil arquitectónico bastante monótono, ocasionalmente salpicado de bellos ejemplos de Art Decó. Al tiempo que se ocupan los últimos espacios vacantes, la Roma comienza a densificarse. Llegan a establecerse familias provenientes de otros puntos de la ciudad, de muy diversos estados de la República y también del extranjero. Se multiplica la construcción de pequeños conjuntos de vivienda horizontal con patio central en las calles de Campeche, Coahuila y Chiapas, y se levantan algunos edificios de departamentos de influencia Art Decó. En las dos décadas siguientes, la Roma se convertirá en un espacio abierto y hospitalario para los que buscaban una vida mejor y en un verdadero refugio para los que huían o eran expulsados de sus estados o países por razones políticas. Sin exagerar, el provinciano llega con la esperanza de vivir en alguna calle o avenida que le recuerde su terruño y descubre que toda la patria cabe en una colonia. ¡Nunca se aprendió tanta geografía nacional como en la Roma. Con el tiempo se irán formando comunidades de veracruzanos, oaxaqueños y especialmente de yucatecos y chiapanecos. Eraclio Zepeda sostiene que, para estos últimos, la Colonia Roma llegó a ser lo que la Ciudad de los Ángeles es para los mexicanos: su patria en el extranjero. No tardaron en organizarse los clubes sociales, los restaurantes de comida regional, y las calles se fueron poblando de nuevos acentos; en suma, se forjó toda una cultura del exilio provinciano. También se escucha el eco de lenguas completamente desconocidas.[3]

En las calles de Zacatecas, Chiapas y Tonalá abundan el árabe. La atmósfera de muchos patios de vecindad y edificios de apartamentos está más cerca de un bazar turco o de un ghetto europeo que de la Ciudad de México. Ya desde la década de los años veinte muchas familias de origen sirio - libanés y judío habían dejado el centro de la ciudad para trasladarse a la Roma y a la Hipódromo, pero es sólo hasta la siguiente que se incrementa el éxodo. El censo de 1940 registra la mayor concentración de dichos grupos justamente en esas dos colonias. Con el ascenso del nazismo en Europa, se inicia la llegada a México de ciudadanos alemanes y austriacos; los refugiados españoles llegarían poco después. Un gran número de ellos precisamente a la Roma. Para muchos, la Colonia constituía el mejor recuerdo de lo que habían tenido que abandonar. La decoración Art Nouveau de algunas residencias y edificios evocará la arquitectura de algunos barrios de Barcelona; las edificaciones Art Decó recordarán zonas de Berlín y Viena y las amplias avenidas arboladas hacían sentir algo de la atmósfera parisina. Con orígenes muy diversos, pero hermanados en su condición de extranjeros y de exiliados, los recién llegados comenzaron a establecer vínculos y a integrar pequeñas cofradías. Los españoles republicanos se reunían a charlar con los emigrantes de Grecia y Turquía hablaban ladino; personalidades políticas como Víctor Serge y Álvaro de Albornoz, artistas de renombre como Leonora Carrington y Remedios Varo, van haciendo de la Roma un centro de reunión intelectual muy activo. El paso de diferentes nacionalidades, culturas y religiones dejó una profunda huella que aún hoy día puede reconocerse en las sinagogas de las calles de Monterrey, Querétaro y Córdoba, la catedral de San Jorge (cristiano ortodoxa) en la de Tuxpan, así como numerosos restaurantes, librerías de viejo y cafés. Para los habitantes originales de la Colonia, para las familias de mayor alcurnia y tradición, la llegada de migran tes provincianos y extranjeros era vista con curiosidad, pero también con cierto recelo. Eran percibidas como gente de costumbres distintas, y sobre todo de un nivel social inferior. Definitivamente, abarataban la colonia.

La Colonia Roma estaba dejando de ser lo que había sido antes. La llegada de las grandes tiendas y de los burócratas Durante la segunda guerra mundial, el gobierno de Avila Camacho aplicó en la Ciudad de México. una medida cuyo impacto se dejó sentir profundamente sobre la Roma: la congelación de rentas. s Aprovechando el estado de emergencia en el que se encontraba el país, el presidente promulgó, a mediados de 1942 un decreto mediante el cual se prohibía el aumento de los arrendamientos en casas-habitación y locales destinados al comercio e industrias, siempre y cuando las rentas no fueran superiores a los cien pesos. Su impacto en la Roma fue doble. Por un lado, produjo el deterioro de numerosos edificios y aun de ciertas zonas, puesto que los propietarios descuidaron casi por completo el mantenimiento de propiedades que les producían ganancias congeladas. Por el otro lado, la medida favoreció el arraigo de un vasto sector de inquilinos que de otra manera hubieran tenido que abandonar su morada, y posiblemente la Colonia, aguijoneados por el alza de los alquileres. Entre los sectores que se beneficiaron por el decreto se encontraban numerosos artesanos y pequeños comerciantes que ocupaban las accesorias en la parte baja de muchas casas-habitación y edificios de departamentos. Ubicados según la especialidad (carpinteros en la calle de Querétaro, cerrajeros y plomeros en las de Zacatecas y Campeche, florerías en la de Colima), su permanencia se ha debido a que por más de cuarenta años han pagado rentas que no exceden los cien pesos. El destino paradójico y contradictorio de la Roma quiso, sin embargo, que poco tiempo después se estableciera en Insurgentes con San Luis Potosí un enorme y novedoso almacén de departamentos: el Sears Roebuck. Su inauguración constituyó para la ciudad un paso decisivo en la desconcentración de la actividad comercial y de servicios del centro hacía otras zonas, en particular a lo largo de la avenida Insurgentes. Para la Colonia, marcó el inicio de un largo e ininterrumpido proceso de cambio en los usos del suelo, de habitacional a comercial y de servicios. La multiplicación de pequeños y medianos comercios en las calles adyacentes al gran almacén -San Luis Potosí, Chiapas, Medellín se hizo esperar y en poco tiempo esa zona se convirtió en la zona comercial más importante de la Colonia. Pero los cambios no quedaron ahí. En 1950, el gobierno de Alemán inició la construcción del Multifamiliar Benito Juárez, obra que no despertó entre muchos de los vecinos el mismo entusiasmo que había generado la inauguración del Sears. Edificado en los terrenos del antiguo Estadio Nacional, el nuevo conjunto diseñado por los arquitectos Mario Pani y Salvador Ortega, se destinó a los maestros de las secciones IX, X y XI del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE). La vivienda multifamiliar era nueva en México; éste y el Multifamiliar "Presidente Alemán" del rumbo de Coyoacán, eran los primeros ejemplos de su género. Para los vecinos que deseaban una colonia predominantemente unifamiliar, residencial y sin congestionamiento, la novedad fue muy mal recibida. El Multifamiliar era un cuerpo ajeno al tejido urbano de la Roma y las 6 mil familias de burócratas que habitarían en ellos transformarían a la Colonia en un barrio cIase mediero. Para las familias ricas, había llegado el momento de buscar "mejores rumbos". El lento éxodo iniciad6 desde finales de los años treinta por los sectores de mayores recursos, se intensificó en los años posteriores y para la década de los cincuenta ya es definitivo. Los destinos son múltiples. Para los más adinerados: Lomas de Chapultepec, Chapultepec Morales, Polanco y el flamante Pedregal de San Ángel. Para el siguiente estrato, las alternativas serán la del Valle, la Hipódromo y la Nápoles. Carlos Fuentes captó con gran fidelidad, en su cuarteto narrativo Agua Quemada, lo que este desprendimiento significó para muchos. Fue doloroso e incluso imposible para algunos. Muchos optaron por quedarse a morir en su colonia.

La llegada de los nuevos tiempos no pasó inadvertida para el resto de la ciudad. La Roma ya no era más la "Colonia de los ricos". Pero entonces, ¿qué era? Los mil rostros de la Roma No obstante que los usos comerciales y de servicios avanzan incontenibles, la Colonia sigue siendo predominantemente habitacional; en cambio, su composición social ha cambiado sensiblemente. Los inquilinos probablemente ya superan a los propietarios de casas, especialmente de la calle de Campeche hacia el norte, pues el sur se conserva y se reproduce con un carácter unifamiliar. Los habitantes del Multifamiliar son formalmente inquilinos, pero en la práctica actúan como propietarios. Casi todos son trabajadores de la educación, sindicalizados y con ingresos medios. En las calles de Tabasco, Colima, Flora y Sonora aún se mantienen familias de enormes fortunas. En las de Sinaloa, Mérida y Puebla existen viejos edificios y conjuntos horizontales que son prácticamente vecindades. Hasta el antiguo pueblo de ' indios de la Ramita, alguna vez tan lejano y sobre todo tan despreciado, ya se encuentra integrado con su población de trabajadores y de lumpen. Ya no existe más una definición clara como la que había existido antes. En realidad, la colonia está escindida socialmente; no puede hablarse más de "La Roma", existen muchas "Romas", que pueden identificarse por secciones, avenidas, cuadras y aun por edificios. Uno de los efectos más visibles de esta acentuada estratificación social y espacial fue la aparición de numerosas y temibles pandillas que se encargaban de enseñarle a los intrusos lo que era aventurarse por territorio ajeno. En la poco conocida novela de Augusto Sierra, Colonia Roma, se narran las épicas y sangrientas batallas que los "fortachones" (pandilla integrada por hijos de políticos y generales revolucionarios y cuyo centro de reunión era el célebre Swing Club de las calles de Coahuila y Monterrey) sostenían con los "piedadanos" (habitaban al otro lado del río de la Piedad) y con otras pandillas de la Roma. En esta nueva etapa de su ya larga existencia, la Colonia proyecta hacia el habitante de la ciudad la imagen de un espacio de múltiples identidades, poblado por toda suerte de personajes y escenario de diversos y encontrados estilos de vida. Para el vecino, esta variedad es motivo de orgullo: "Aquí vive gente muy famosa, desde políticos hasta artistas".

Cada calle, cada casa tenía su personaje célebre. En las calles de Monterrey y Chiapas se encontraba la Casa de María Conesa. A cuadra y media, en las de Yucatán y San Luis Potosí (su estado natal) se encontraba la casona del general Barragán. Doblando a la izquierda por la calle de Tonalá y luego a la derecha por Querétaro hasta llegar al número 150, se encontraba uno con la casa de Siqueiros. Muy cerca de ahí, en la Plaza Orizaba (hoy en día Plaza Luis Cabrera), vivía, según relata José Emilio Pacheco en su Batallas en el desierto, la venerable Doña Sara P. de Madero. Sobre la Avenida Álvaro Obregón vivía la Madre Conchita y atrás en la calle de Tabasco, tenían su residencia don Manuel Sandoval Vallarta y su encantadora esposa María Luisa Margáin. La lista era interminable. No había personaje célebre, o que se ufanase de ello, que no viviera o hubiera vivido en la Roma. No únicamente por sus virtudes era famosa la Roma. También lo era por la existencia de sus cantinas, sus salones de baile (El San Luis, El Swing Club) y por supuesto de sus legendarios burdeles: la Bandida, la Emerson, la Malena, la Casa de María (que hacía descuento a estudiantes previa identificación) y muchas más. Pero no todo era perdición y malas costumbres. Desde el deportivo "Vanguardias" de la calle de Frontera (zona de influencia de la Sagrada Familia), el padre Pérez del Valle se encargaba de predicar el buen ejemplo entre la juventud y de aplacar a las parejas ardientes que asistían a las funciones de cine organizadas por él, alumbrándolas con una linterna. Las numerosas casas de estudiantes y la vistosa presencia de muchas familias de gitanos le agregaban pinceladas adicionales a su polifacética personalidad. A pesar de su fuerte y definida personalidad, la Roma se ve también inmersa, arrastrada, por el proceso de cambio que experimenta la ciudad de México. Sus calles se ven cada día más transitadas por los vehículos y su suelo es más y más codiciado por los agentes inmobiliarios.

Acompañando el crecimiento de nuevos establecimientos comerciales, llegan toda una serie de servicios especializados: clínicas, laboratorios, talleres mecánicos y escuelas particulares. La existencia de rentas congeladas en edificios, casas-habitación y accesorias comerciales no es mayor obstáculo para que la inversión inmobiliaria se lleve a cabo. También se construyen edificios de apartamentos y condominios. La movilidad de habitantes -los que salen y los que llegan-- es bastante elevada. De 1950 a 1960 el censo de población indica un crecimiento absoluto de la población; sin embargo, también revela que el número de habitantes que residen en las secciones colindantes con las arterias más comerciales (Chapultepec, Durango, Alvaro Obregón e Insurgentes) disminuye. En lo sucesivo, la salida, forzada o voluntaria de sus habitantes, supera a la llegada de nuevos residentes. Cuando nos llegó el metro Cuando en junio de 1967 el entonces regente del Distrito Federal, general Alfonso Corona del Rosal, colocó la primera piedra para la construcción del largamente postergado Metro, los habitantes de la Roma reaccionaron alborozadamente. La línea 1, Observatorio - Zaragoza correría a todo lo largo del límite Avenida Chapultepec y se contaría con cuatro estaciones situadas a distancia razonable entre sÍ. A poco de su inauguración, dos años más tarde, comenzaron a darse cuenta de que el metro era una bendición "a medias". Para los que dependían del transporte público, el nuevo sistema se convirtió en un eficaz y barato medio que les permitía llegar al centro de la ciudad en escasos minutos. Para los comerciantes y prestadores de servicios representaba, más que la llegada de nuevos compradores, un medio para que los empleados llegaran a tiempo al trabajo. Hasta la gente acomodada de la Colonia se daba sus paseos ocasionales en Metro. Sin embargo, cuando se completó la construcción hasta Zaragoza, las estaciones de Chapultepec e Insurgentes se convirtieron en multitudinarios puertos de embarque y desembarque para docenas de miles de usuarios que del Metro se enlazaban con el sistema de transporte de superficie para dirigirse a los puntos más diversos y remotos de la ciudad. La función de estación terminal era mínima en comparación con su carácter de estación de paso. Los vecinos de las zonas aledañas a las estaciones, en particular a la de Chapultepec, vieron cómo de la noche a la mañana las calles eran invadidas por autobuses, trolebuses, peseros y taxis, y las banquetas por puestos de fritangas, periódicos, jugos y hasta fayuca. De repente, sin darse cuenta de cómo había pasado y sin desearlo, el Metro los había convertido en "vecinos" de los de Nezahualcóyotl. La Estación del Metro Insurgentes reforzó el cambio en los usos del suelo e intensificó el congestionamiento que ya se producía en la zona de confluencia de la avenida Insurgentes y las calles de Jalapa, Puebla, Sinaloa y Durango. La glorieta del Metro Insurgentes, en cambio, permitió la creación de un nuevo espacio urbano destinado al peatón. Por una vez se devolvió a los habitantes y vecinos lo que los automóviles les habían arrancado y el resultado fue una pequeña isla propicia para el encuentro, la diversión y las compras. El proyecto original de crear un entorno de edificios modernos para oficinas y un espacio de consumo de lujo para los turistas de la Zona Rosa tuvo una vida efímera y la plaza no tardó en convertirse, como ha dicho José Joaquín Blanco en Función de media noche, en una "sucursal de Garibaldi". Quizá para muchos eso fuera algo lamentable, pero a la gente joven de la Roma, y de muchos otros barrios de la ciudad enlazados por el Metro, le significó un lugar para encontrarse, pasar el tiempo libre y sí, para disfrutar de un ambiente con aires Garibaldescos.

A diferencia de la línea 1 del Metro, la Tlatelolco-Hospital General (línea 3) no tuvo mayor impacto sobre la Roma Su trayectoria era tangencial a la Avenida Cuauhtémoc, límite oriental de la Roma, y únicamente la estación Hospital General quedaba a una distancia razonable. En términos generales, puede decirse que el Metro integró a la Roma a los cuatro puntos cardinales de la ciudad y la colocó, de cierta forma, en uno de los ejes de articulación del sistema de transporte colectivo. Las ventajas de localización y transportación de la Roma, que el Metro acentuó, aceleraron el avance de los usos no-habitacionales y al mismo tiempo propiciaron la sustitución de residenciales originales por construcciones en altura. La fiebre de la construcción se apoderó de la Colonia en casi todas sus latitudes: condominios residenciales en la Plaza Río de Janeiro, edificios de oficinas y consultorios médicos en Manzanillo y Tlacotalpan, oficinas públicas en Álvaro Obregón (Secretaría de Pesca) y Quintana Roo (Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos), etcétera. El interés de las empresas privadas y oficinas de gobierno por instalarse en la Roma era bastante explicable. A setenta años de fundada, distaba mucho de ubicarse fuera de la ciudad ("entre la capital y la ciudad de Tacubaya" decía Porfirio Díaz); ahora se encontraba en su centro geográfico y esto le reportaba enormes ventajas de localización. Su cercanía de zonas de elevados ingresos (Del Valle, Hipódromo, Condesa e incluso Polanco) favorecía al comercio especializado y a los prestadores de servicios (consultorios médicos, restaurantes, centros nocturnos, laboratorios) dependientes de una clientela con alta capacidad de compra; las oficinas públicas podían evadir el centro de la ciudad y al mismo tiempo estar en un lugar céntrico, gozando de excelente transportación pública, servicios especializados próximos y un ambiente urbano más relajado y atractivo. Para los que buscaban vivienda en los nuevos condominios, la cercanía con el lugar de trabajo (sobre todo si trabajaban para el gobierno) junto con la existencia de magníficos servicios personales en cada esquina y el disfrute de una calidad de vida barrial que aún se mantenía en un buen nivel, sumaban un considerable número de razones para vivir en la Roma. En especial alrededor de las plazas (Río de Janeiro, Luis Cabrera), de las avenidas arboladas (Álvaro Obregón, Durango) y de las calles más tranquilas y arboladas (Tabasco, Flora) se fueron conformando pequeños enclaves de artistas, políticos, intelectuales, funcionarios públicos y hasta urbanistas para los cuales vivir en la Roma tenía un enorme atractivo y era motivo de orgUllo. El reverso de la medalla fue que los nuevos usos rebasaron la "capacidad instalada" de la Colonia y saturaron el uso de la infraestructura y equipamiento urbano. Agua, drenaje, calles, banquetas, todo se puso en disputa. A falta de estacionamientos, se invadieron aceras, segundas y terceras filas, áreas verdes.

Más que un barrio, la Colonia tiene ya el carácter de un distrito de negocios. No solamente existen varias "Romas", sino una Roma de día y una de noche. Una de días de semana y otra de fin de semana. Una para sus vecinos y otra para la población flotante. Todos los ejes llevan a la Roma Cuentan que la idea de los ejes viales surgió durante un viaje en helicóptero que hicieron el regente de la ciudad, Hank González y el secretario de Obras Públicas y Asentamientos Humanos, Pedro Ramírez Vázquez. Con el Plan vial en 1978, Monterrey, Medellín, Baja California, Querétaro, San Luis Potosí, Yucatán, Salamanca y Cuauhtémoc se transformaron en flamantes ejes viales. La Roma quedó bien crucificada. El buldozzer no fue tan despiadado como en las colonias del centro, donde la piqueta echó abajo miles de viviendas. De hecho, en la Roma no se tiró una sola casa (entre otras razones porque hubiera costado mucho más que en el centro). Las víctimas directas fueron las majestuosas y exóticas palmeras de la avenida Yucatán para dar paso al Eje 2 Sur. A diferencia de otras colonias donde la gente 167 168 salió a defender su casa y sus árboles, aquí la protesta fue mínima y, para su vergüenza, los vecinos de la Roma permitieron el sacrificio de esas nobles gigantes que conocían mejor que nadie la historia de la Colonia. Pero todo se paga en esta vida y la cuenta llegó pronto: los ejes fragmentaron aún más la Colonia, invitaron a un tráfico desorbitado de vehículos, se incrementó la contaminación, el ruido y las víctimas por atropellamiento. Ganó la circulación externa y perdió el peatón. Muchos negocios también resintieron la nueva situación pues ahora mucha gente pasaba por la Roma y poca se quedaba en ella. La Roma: un balance sobre sus primeros ochenta años de vida En 1983, la Colonia cumplió ochenta años de vida. Un balance de su existencia y significado pueden resultar de interés para la historia de la Ciudad de México. Explorar el perfil de su personalidad puede arrojar algunas pistas para comprender cuál es la importancia de la dimensión barrial de la historia. Es indudable que semejante intento resultaría incompleto si no incluyera el importante periodo que se abre a partir de los sismos de septiembre de 1985, sin embargo, la importancia de estos sucesos es tal, que merecerían un capítulo especial Que escapa a los límites y propósitos del presente ensayo. Por ello nuestro balance llega tan sólo hasta el año de 1983. Para ese año, la Roma albergaba a una población aproximada de 100 mil personas, distribuidas en 432 hectáreas con tres áreas bien delimitadas y diferenciadas: La Roma Norte, la Roma Sur y el Multifamiliar Juárez. Las actividades que en ella se concentraban representaban una proporción nada despreciable del conjunto de las actividades de la ciudad. Por otra parte, en todos aquellos años había logrado forjar una personalidad interesante y atractiva ante propios y extraños. Sus habitantes estaban orgullosos de vivir en ella, sus antiguos residentes la recordaban bien entrañablemente y con lealtad y se encontraban a un número considerable de personas que la seguían eligiendo como sitio para vivir. La Roma era una colonia que estaba muy metida en la cultura urbana de los capitalinos. ¿Cuáles eran los rasgos más importantes de esa personalidad? ¿En qué consistía aquella aura tan especial? Carecemos de estudios que hayan investigado el significado que vecinos y usuarios atribuyen a la Colonia, de manera que aquí sólo podemos adelantar algunas ideas de carácter provisional. La conciencia histórica de sus habitantes. El residente de la Roma suele tener una fuerte noción de la historia de la Colonia, de la cual se siente orgulloso y celoso poseedor. Ahí hasta los limpiabotas son historiadores (conocí a un aseador de calzado que me enseñó el lugar donde había vivido Álvaro Obregón y que alardeaba de haber lustrado el calzado del caudillo en más de una ocasión). Todo el mundo puede nombrar y/o conocer vecinos famosos, eventos históricos memorables y sitios y construcciones sobresalientes.

La Colonia Roma siempre ha logrado mantener una fuerte capacidad de atracción para nuevos residentes. Irse a vivir a la Roma es una opción atractiva e interesante. Sus espacios son sumamente codiciados por la gente y los negocios que se interesan por su localización, accesibilidad, diversiones, ambiente. La Roma es una zona donde se puede disfrutar de un ambiente fuertemente urbano sin estar en el centro, Todo esto le imprime vida nueva, la renueva constantemente, le permite articular la historia con el futuro. Un espacio heterogéneo y de convivencia libre. La Roma es una colonia donde las relaciones vecinales tienen poco contenido, no son prioritarias y su intensidad es superficial. Uno no va a la Roma a buscar vecinos, a esperar solidaridad, ayuda y amistad. Lo que uno encuentra es gente. Gente de los más diversos orígenes sociales, formaciones culturales y personalidades. Es ciertamente una colonia de fuertes personalidades, de habitantes autosuficientes y de modos de vida distintos. Pero la distancia y la autosuficiencia no significan rechazo o indiferencia. Por el contra- rio, existe tolerancia y curiosidad. Mediados por una cuadra, una calle, una casa y a veces una pared, conviven los polos opuestos. Todo cabe, todo se permite en la Roma. Puede suceder lo inesperado; todo es propicio para el encuentro, para la aventura. La Roma como espacio permanente. La grandeza de su historia, lo rico de sus tradiciones y símbolos, lo espléndido de su arquitectura y diseño urbano, la apertura y libertad de su convivencia, hacen de la Roma un espacio sólido, permanente y duradero que puede resistir el paso del tiempo, el metro y hasta los ejes viales. Sus habitantes comparten esa suerte de destino especial que les confiere carta de nacionalidad para habitar indefinidamente la colonia. ¿Cuál es la génesis de esta personalidad tan particular? No es fácil desentrañar las causas que moldearon y apuntalan la personalidad de la Roma. Como ha" señalado Susan Keller en El vecindario urbano,8 la personalidad de una determinada zona, su atmósfera especial, es un fenómeno tan inescrutable como lo puede ser la personalidad del individuo. Así pues, sería erróneo reducir un fenómeno tan complejo a los elementos que lo componen (población, localización, límites geográficos, componentes arquitectónicos, diseño urbano, actividades económicas, etcétera) y resulta más certero analizar las interrelaciones entre estos elementos a partir del contexto histórico concreto. Cada individuo es una historia aparte. Lo mismo sucede con la Roma.

¿Hacia dónde va la Roma? La Roma es una colonia relativamente joven; 80 años de vida tan intensa no son pocos, pero tampoco son muchos dentro del calendario del urbanismo. El ciclo de vida de una colonia, barrio o vecindario puede abarcar centurias y aun milenios, como sucede en algunas ciudades de la India y el medio oriente. Incluso en la Ciudad de México tenemos un puñado de barrios centenarios. La Roma es, pues, una colonia joven, a la que le queda mucho por vivir. Sin embargo, si las tendencias que observamos en los últimos 20 ó 30 años se acentúan, es decir, si los usos no-habitacionales ganan espacio y la sustitución de los edificios históricos por las construcciones modernas avanza a la misma velocidad, la Roma futura será muy distinta a la que hemos conocido hasta hoy: será, fundamentalmente, un distrito de negocios. ¿Qué es lo que está en peligro? ¿Qué es lo que se perdería si la Roma acabara transformada en una extensión de la Zona Rosa o en una sucursal del Centro? Obviamente perderían los habitantes expulsados por la fuerza de esa transformación y los que se quedaran a vivir sufrirían el deterioro de la calidad de la vida. Pero también perderíamos los habitantes de la ciudad en su conjunto, porque se destruiría un deslumbrante patrimonio urbano que le pertenece a la Ciudad de México, porque es su historia misma. La Roma es un espléndido museo urbano en vivo, entre cuyas fronteras se reúnen y se exponen 80 años de frescos de las distintas épocas de la historia de la Ciudad y hasta del país. Sus calles, avenidas, residencias y construcciones monumentales nos permiten reconstruir la historia social, política y cultural de la Ciudad; sus vecinos, presentes y pasados, pueden observarse como un libro abierto en el cual están plasmados estilos de vida diversos que son viva expresión de una cultura urbana firmemente enraizada en la Colonia, surgida de ella. En su calidad de escenario histórico, la Roma nos permite recobrar una dimensión de la Historia -de la historia de los grandes sucesos- a la que no se le confiere mucha importancia: la dimensión doméstica y vecinal. Nos permite imaginarnos la posible ruta que seguía todos los días un personaje importante, el parque o la plaza donde se paseaba, la casa donde vivía, el ambiente vecinal que respiraba.

En suma, nos autoriza a precisar que la historia tiene número y calle. Por todo esto y mucho más, la Roma tiene que defenderse. Esta tarea le corresponde a todos aquellos habitantes de la ciudad que aprecian y reconocen la riqueza de la Roma, que la disfrutan en 169 sus paseos y visitas y hasta en sus recuerdos, pero sobre todo debe recaer sobre sus habitantes. A ellos les toca librar una defensa firme, sostenida e inteligente. Una defensa que logre aglutinar la mayor cantidad posible de fuerzas y apoyos. Es sumando y no restando que la Roma puede triunfar. 70 Notas ¡ María Dolores Morales, "La expansión de la Ciudad de México en el siglo XIX : el caso de los fraccionamientos". Seminario de Historia Urbana, Ensayo de construcción de una historia , México, INAH, 1978. El 8 de noviembre de 1910, el Sr. Marcos Ruiz y sus hijos dirigieron una petición al Consejo Superior de Gobierno de la Ciudad de México en la que solicitaban que la Roma, la Condesa y la Colonia El Triángulo llevaran el nombre de Porfirio Díaz . Para eso!; momentos, dos semanas antes de que se iniciara pi primer estallido de la Revolución, el general Díaz tenía otras preocupaciones más importantes que atender. Vicente Martín Hernández, Arquitectura doméstica de la Ciudad de México, México, UNAM, 1981.[2]

Análisis Urbano Arquitectónico

Los estilos y gustos heredados del régimen anterior prevalecieron hasta mediados de los años veinte. Quizá lo más significativo de esta etapa es el hecho mismo de que los miembros de la élite desbancada tengan como vecinos a los miembros de la nueva clase dirigente. Álvaro Obregón y Pedro Lascuráin vivían en la misma cuadra; Aarón Sáenz y Roberto Cruz moraban a unas cuantas cuadras de la Familia Barroso, y las casas del General Barragán y de los Braniff se encontraban a pocos pasos. Revolucionarios de distintas filiaciones y porfiristas convivían, por así decirlo, bajo el mismo techo vecinal. Compartieron las mismas calles, jardines y servicios, habitaban casas similares, se topaban unos con otros frecuentemente. La Roma sirve de escuela para que los revolucionarios adquieran buenas maneras, costumbres civilizadas y gustos refinados. Bastaba observar y copiar a los vecinos, y eso fue lo que hicieron. Los nuevos tiempos aún no se expresan plásticamente, la Revolución todavía carece de un proyecto claro y definido que permita el florecimiento de nuevas experiencias arquitectónicas y urbanísticas. Se acudió entonces a los moldes del pasado. Durante la década siguiente, sin embargo, las cosas iban a cambiar. El proceso de cambio social, político y cultural que vive el país, así como la consolidación del binomio Obregón - Calles en el poder, comienzan a proyectarse sobre el perfil de la Roma. El poblamiento de la sección norte continúa en rápida expansión, pero ya se observa la urbanización de nuevas secciones, sobre todo la zona comprendida entre la Avenida Álvaro Obregón y la Avenida Yucatán. Aquí ya se aprecia la disminución gradual de los estilos arquitectónicos heredados del porfiriato y aparece lo que el maestro Martín ha llamado una arquitectura de transición, cuya modernidad se limitará a exhibir una desnudez plástica, sin ofrecer nuevas soluciones especiales. También aparecen los primeros ejemplos de nuevas tendencias arquitectónicas, como el Neocolonial. Otro símbolo de los nuevos tiempos son los edificios de departamentos destinados a profesionales y sectores de clase media acomodada, como el célebre "Balmori", el "Antequera", el "Francia" y muchos otros.

Los cambios arquitectónicos y espaciales de esta época no se limitan al ámbito de la vivienda doméstica; también están asociados a la aparición de las grandes construcciones públicas auspiciadas por los gobiernos de Obregón y Calles. En 1924 se termina la construcción del Estadio Nacional, obra diseñada por el arquitecto José Villagrán y que se localizaba en las calles de Orizaba, en donde estuvieron hasta septiembre de 1985 los Multifamiliares Juárez. Un año después se inaugura en la calle de Jalapa, muy cerca del recién inaugurado Estadio, la escuela "Benito Juárez", obra diseñada por el Arquitecto Carlos Obregón Santacilia. En 1929, a unos cuantos pasos de la escuela, se funda el Club Deportivo Hacienda. Este conjunto de construcciones públicas va a desempeñar una función simbólica para toda' la Ciudad y aún para el país, a saber, la de mostrar 161 .. , . l: -1 ;''? que el nuevo estado tiene capacidad constructiva, que posee un proyecto social y cultural distinto al del Porfiriato, con expresiones arquitectónicas y plásticas inspiradas en las raíces y tradiciones nacionales. Además el propio impacto simbólico que dichas construcciones tienen . sobre la Roma (la presencia física de los símbolos de la Revolución la convierte en su hija legítima), el nuevo enclave público va a traer nuevos cambios en las relaciones sociales y vecinales, así como en la vida cotidiana de la colonia. Ya no es únicamente el espacio urbano residencial privado; ahora también es un espacio público, que le pertenece a todos los habitantes de la Ciudad de México. Cientos de niños acuden diariamente de rumbos muy diversos de la ciudad para asistir a la "Benito Juárez", más tarde conocida como la "secundaria de los Presidentes" porque ahí estudiaron Luis Ecneverría y José López Portillo.

Los terrenos en los que se construyó la Roma, se llamaba Potreros de Romita, de ahí su nombre, pertenecían al británico Edward Walter Orrin, dueño y fundador del Circo Orrin. Éste pidió permiso a Díaz en 1903 para fraccionar la colonia y nombró las calles inspirándose en los estados de la República Mexicana en los que su circo tuvo mayor éxito.

Familias con diversos antecedentes culturales empezaron a poblar la colonia, la cual se convirtió en una de las de más alto estatus social durante la primera década del siglo XX. Gracias a ello, se levantaron edificaciones ostentosas, mansiones y palacetes con estilos arquitectónicos como art noveau, ecléctico, art decó y neocolonial.

Lo más común eran las edificaciones con terminación pancoupé, fachadas antiguas, portones y canteras labradas, rematadas por medallones o escudos que portaban las iniciales de la familia o el escudo nobiliario.

Otra de las características de la colonia Roma era su ambiente cultural y bohemio, no solo por sus centros educativos y galerías, sino por aquellas grandes personalidades que vivieron en ella como Pita Amor, Fernando del Paso, Leonora Carrington y William Burroughs, los cuales se inspiraron en sus calles para realizar sus obras.

Con el temblor de 1985, algunas calles y edificios sufrieron grandes daños. Edificios enteros se derrumbaron y muchas familias abandonaron la zona por temor a otros desastres.

Sin embargo, la Roma se levantó poco a poco y en la década de los noventa logró posicionarse de nuevo como una zona cultural gracias al establecimiento de galerías de arte, librerías, museos y escuelas.[4]

Actualmente, sus edificios se encuentran protegidos por el Instituto Nacional de Bellas Artes como Patrimonio Arquitectónico , por lo que no pueden ser modificados ni demolidos. Algunos de los más notables son el pasaje comercial El Parián, la Fuente de Cibeles, edificio Balmori, Casa Lamm, edificio Río de Janeiro y el Instituto Renacimiento.

Asimismo, se ha nombrado infinidad de veces a la colonia Roma como uno de los mejores 50 barrios del mundo, por “estar atrapado entre épocas”, su multiculturalidad y ofrecer una variedad inmensa de actividades para los turistas.[5]

A finales del siglo XIX, el presidente Porfirio Díaz había solicitado planes para el crecimiento de la Ciudad de México, que en aquel entonces seguía siendo únicamente la zona que conocemos como Centro Histórico. Los planos urbanos sugerían una propuesta fuertemente influenciada por las teorías urbanísticas europeas de aquellos años, particularmente las propuestas realizadas por Camilo Sitte y más aún la del urbanista Ildefonso Cerdá para el ensanche de Barcelona, la cual parece ser retomada literalmente en la traza reticular con esquinas en pancoupé (recorte a 45 grados en las banquetas y retomada en ocasiones por las propias edificaciones). El famoso ensanche privilegiaba un gran brazo de desarrollo hacia el Poniente, cuya meta era alcanzar urbanamente el Castillo y Bosque de Chapultepec. Sobre este brazo, se fueron solicitando peticiones para fraccionar sobre los terrenos agrícolas de diversas haciendas; lotes para futuras zonas habitacionales llamadas "colonias", siguiendo la idea de "colonizar" nuevas tierras por personajes o comunidades extranjeras, como fue el caso de la Colonia Francesa, una de las primeras peticiones realizadas al Ayuntamiento, en 1840. Así, se establecieron la colonia San Rafael, Santa María la Ribera y Juárez, entre otras.

La Fuente de Cibeles en La Colonia Roma Norte.

El británico Edward Walter Orrin hizo lo propio para solicitar al Ayuntamiento el permiso de fraccionar la Colonia Roma, dándole el nombre en honor al cercano Pueblo de Romita y nombrando sus calles con los diversos estados de la República Mexicana que el circo del empresario había recorrido. El trazo urbano de las calles -autorizado en Diciembre de 1902-, respondió en el sentido Oriente-Poniente, paralela a la calzada que llevaba al Acueducto de Chapultepec desde siglos atrás (el cual abastecía de agua de la Ciudad de México), ya que era éste uno de los pocos referentes construidos en los alrededores. En el otro sentido, se trazó una importante calzada llamada Orizaba, la cual remataría en dos importantes plazas: Río de Janeiro y Luis Cabrera.

La arquitectura retomó diversos estilos europeos e históricos, el gótico en la iglesia de la Sagrada Familia, ecléctico en numerosas casas que combinan estilos árabes, italianos, franceses, casas de estilo art nouveau y art-decó. Es una constante ver edificaciones que siguen la traza urbana rematando la arquitectura en pancoupé, fachadas que en ocasiones retoman las antiguas casas del centro histórico, con portones y canteras profusamente labradas, rematadas por medallones o escudos que portaban las iniciales de la familia o el escudo nobiliario.

Tras el temblor de 1985, la Roma, junto con muchas otras colonias se vaciaron, la gente vendió barato sus casas ante el temor de la fuerte destrucción que se vivió en la zona central. Se abandonó casi una década, hasta que comenzó su renovación con casas tan significativas y públicas como la Casa Lamm, el Edificio Balmori, el Edificio Ajusco y numerosas casas particulares que conservan toda su distinción al interior y exterior. A pesar de la fuerte destrucción de las edificaciones originales, la colonia Roma es una de las zonas de la Ciudad con mayor número de edificaciones patrimoniales, con más de 1,500 inmuebles relevantes. El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) ha realizado un catálogo notable que describe brevemente su relevancia y menciona a algunos de los autores de esas obras. También es de mencionarse la constante participación de los vecinos en la defensa de su patrimonio, permitiendo que la gran mayoría de las intervenciones actuales sean beneficiosas para las construcciones y el entorno.

Ciento diez años se dicen rápido, pero son muchos, pero muchos años de vida. Significa el paso de numerosos y muy diversos propietarios e intereses, casas y habitantes, negocios cambiando, transformándose, adaptándose a los diversos rumbos que la Ciudad va tomando. Grandes edificios, altos, densos, complejos, nuevos, modernos, clásicos, indiferentes, conscientes, todos intercalándose entre lo histórico y celebrando el paso del tiempo. Para profundizar sobre el tema, su historia es relatada magníficamente por Edgar Tavares en el libro Colonia Roma de Editorial Clío, una de las primeras publicaciones que buscaron relevar la historia de las antiguas colonias y barrios originales de la Ciudad de México.[6]

La Colonia Roma se convirtió en una zona que albergaba a familias que venían de diferentes culturas y la coloca como una de las colonias de más status social. Además se distinguió por los estilos arquitectónicos que predominan como el Art Nouveau, ecléctico y Art Déco. Tras el temblor de 1985 la Roma sufrió muchos cambios y es que las calles como Tonalá, Álvaro Obregón y Colima sufrieron daños, se derrumbaron edificios y tras esto la colonia comenzó a ser abandonada.[6]

Lugares Emblemáticos

Arquitectura

Buena parte de los edificios que se levantan en la Colonia Roma corresponden al eclecticismo que tomaba elementos de la arquitectura de cada época para la realización de una construcción. Hay también ejemplos de la arquitectura de la Belle Époque y del art nouveau y, en menor medida, del art decó y de la arquitectura neocolonial originada esta última como respuesta a las anteriores.

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) desea tramitar la declaración de la colonia Roma como Zona de Monumentos Artísticos. En caso de que prospere el trámite, sería la primera vez que se emitiría en el país una declaratoria para proteger un perímetro urbano con valor estético relevante, construido en el siglo XX.[6]

Así mismo, el [Instituto Nacional de Bellas Artes]] ha declarado muchos inmuebles de la colonia Roma Patrimonio Arquitectónico; por tanto, están protegidos y no pueden ser modificados ni demolidos. De la totalidad de inmuebles catalogados en el país, el 10 % (aproximadamente 1400) se encuentran en la colonia Roma, declarada Zona de Monumentos Artísticos.

El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) registra y revisa las peticiones para modificar, reconstruir o demoler los edificios y casas catalogadas. Es, en la mayoría de los casos, gracias a la iniciativa privada que muchas de las joyas de la colonia se han recuperado y restaurado y se han reconvertido en iconos de lo clásico y lo actual. Ejemplos de esto son el Edificio Balmori y el Pasaje comercial El Parián, los cuales en algún momento se pensó demoler.[3]

Bares, Centros Nocturnos, Cantinas y Pulquerías

Iglesias, Templos, Parroquias, Capillas, Conventos

Fuentes

Monumentos Históricos

Museos

Parques

Restaurantes, Cafeterías y Fondas

Teatros

Familias Fundadoras

Familias de Varias Generaciones

Personajes Célebres

En esta Colonia vivieron grandes personalidades como: Pita Amor, Fernando del Paso, Sergio Pitol, Leonora Carrington, Jack Kerouac, William Burroughs, por mencionar algunos que con sus obras han escrito sobre esta Colonia que no solo les sirvió como vivienda, sino también fue inspiración para sus trabajos.[3]

Personajes Inolvidables

Fiestas, Festivales y Ferias

Tradiciones y Costumbres

Mitos, Leyendas y Relatos

Academias

Auditorios

Barrios

Bibliotecas y Librerías

Calles

Centros Comerciales

Centros Culturales

Cines

Clubes Sociales y Deportivos

Embajadas y Consulados

Escuelas

  • Universidad de Londres (México)
  • Universidad de la Comunicación
  • Universidad Latina
  • Universidad de Las Américas, A.C.
  • Universidad del Valle de México

Estaciones de Policía y Bomberos

Estaciones de Transporte: Metro y Autobuses

En 1927 se inauguraron y entraron en funcionamiento dos rutas de la línea de tranvías de la Ciudad de México llamadas “Roma-Piedad” y “Correo-Roma”, una de las cuales atravesaba la Avenida Jalisco (luego llamada Avenida Álvaro Obregón). También existió una ruta de camiones llamada “Roma-Mérida”.

La línea de autobuses "Hipódromo-Rastro" entraba a la Colonia por la calle de Orizaba, llegaba a la Plaza Río de Janeiro, Chopos, Cedros, Pinos, Narajos, Nogales, San Rafael honraba con la inmortalidad de sus calles a los románticos y a los positivistas, doblaba a la izquierda por Durango y salía de la Colonia atravesando la Avenida Cuauhtémoc.

Fábricas

Galerías

Guarderías

Hospitales y Clínicas

Hoteles

Inmuebles Catalogados

  • La Casa Barragán / Rodríguez
  • La Casa de Don Roberto J. Álvarez
  • Casa Borja / Covarrubias
  • La Casa de la Familia Lamm - Martínez
  • La Casa Torreblanca / Elías Calles
  • La Casa Baranda / Luján

El Edificio Balmori, construido en 1922 y reconstruido en 1991 localizado en la Avenida Álvaro Obregón y Orizaba, siempre estuvo destinado al comercio y a la vivienda. En sus inicios también contaba con un Cine (a la fecha, el estacionamiento del edificio) y fue construido siguiendo un patrón afrancesado, clásico ecléctico.

Pasaje comercial El Parián, que en sus inicios era un pasaje comercial de alta categoría y después del terremoto de 1985 se convierte en un mercado. Posteriormente se reconstruye y se convierte en un pasaje comercial y cultural con tiendas y restaurantes de prestigio y/o renombre.

El Edificio Río de Janeiro está ubicado en la Plaza Río de Janeiro y es más conocido como La casa de las brujas por su forma arquitectónica con techos de dos aguas en la parte superior y ventanas a formas de ojos. Fue uno de los primeros edificios de departamentos de un piso (el Edificio Balmori tiene departamentos de dos pisos) de la Ciudad de México. Es obra del ingeniero R. A. Pigeon, quien lo construyó alrededor de 1908. Fue uno de los primeros inmuebles que se edificaron durante la conformación de la colonia Roma. En 1930, el ingeniero Francisco J. Serrano modificó la planta baja y el patio interior, con lo que adquirió un toque ecléctico, gracias al estilo art déco que se implantó en la fachada principal. Este edificio también es famoso porque se dice que ahí vivió una bruja o chamana a quien llamaban Pachita. De acuerdo con lo que indicaba Jacobo Grinberg-Zylberbaum en el tercer volumen de su libro Los chamanes de México, su nombre era Bárbara Guerrero, y se hizo famosa porque en las décadas posteriores a la Revolución personajes de la vida pública del país acudían a consultarla.

La Casa Estado Quintana Roo, ubicada en Álvaro Obregón y Tonalá.

La Casa del Libro de la UNAM, ubicada en Puebla y Orizaba (frente a la Parroquia de la Sagrada Familia), que fuese sede del Centro Asturiano hasta que este, en 1986, se trasladó a la colonia Polanco. Fue construida a principios de siglo por la Familia McGregor, quienes la habitaron a partir de 1920. Fue ocupada en un tiempo por la Embajada de Brasil. En la década de 1930 fue adquirida por el Centro Asturiano de México, que la entregó a la Universidad Nacional Autónoma de México mediante contrato de comodato, celebrado en 1986, para uso gratuito durante 10 años y cinco más de prórroga.

La Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, una réplica de la fachada de Notre Dame, ubicada en avenida Cuauhtémoc. Esta pequeña iglesia pertenecía a la Hacienda de la Romita y ya existía antes de que se delimitara la colonia.

La Fuente de la Cibeles, una réplica exacta de la Fuente de Cibeles de Madrid, obsequiada por la comunidad española como símbolo de hermandad entre ambas naciones, en 1980.

La Escuela Primaria "Benito Juárez", en la calle de Jalapa, una de las escuelas públicas más viejas de la Ciudad y alma máter de muchas personalidades políticas.

El Instituto Renacimiento, que alberga la casa de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, ubicada en las esquinas de Orizaba, Guanajuato y Chihuahua, con una construcción de principios del siglo XX.

Instalaciones Deportivas

Mercados y Tianguis

Murales

Oficinas de Correos

Oficinas Gubernamentales

Oficinas Privadas y Corporativos

Otros Establecimientos

Panteones

Penitenciarías y Centros de Readaptación

Recorridos de Interés

Tiendas de Autoservicio

Tiendas, Farmacias y Misceláneas

Talleres

Unidades Habitacionales

Bibliografía

Referencias

  1. 1,0 1,1 Tomado de: https://alcaldiacuauhtemoc.mx/descubre/colonia-roma-norte/
  2. 2,0 2,1 Historias de la Roma Microhistoria de la Ciudad de México Manuel Perló Cohen*
  3. 3,0 3,1 3,2 Tomado de: https://www.maspormas.com/ciudad/colonia-roma-en-el-tiempo/
  4. Tomado de: http://cdmxtravel.com/es/experiencias/la-maravillosa-historia-de-la-colonia-roma.html
  5. Tomado de: https://www.admagazine.com/lugares/la-historia-de-la-colonia-roma-20200229-6521-articulos.html
  6. 6,0 6,1 6,2 Tomado de: https://obras.expansion.mx/arquitectura/2013/02/07/colonia-roma-110-anos-de-historia-arquitectonica
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